Camino al Desierto del Sahara, parte II: Ait Ben Haddou, la ciudad de arcilla

Ait Ben Haddou

La ciudad fortificada de Ait Ben Haddou en Marruecos, construída a orillas del río Ounila, es uno de esos rincones que parece haber sido sacado de una película de ficción y no es de extrañar que en 1987 haya sido declarada Patrimonio de la Humanidad.

Como parte del recorrido que nos llevaría desde Marrakech hasta las dunas saharianas de Erg Chagaga, el primer día de trayecto visitamos varias locaciones que se encontraban en el camino, entre ellas este Ksar o ciudad fortificada, ubicada en la provincia de Ouarzazate.

Si quieres conocer las horas previas, lee Camino al Desierto del Sahara, parte I: cruzando el Atlas y el paso Tichk.


Cómo llegar

Nosotros contratamos un tour privado de 4 días y 3 noches, en un vehículo todo terreno, con la empresa Sahara Salvaje. El tour escogido fue el llamado Desfiladeros y Desierto. Comenzamos nuestro recorrido desde Marrakech, con la libertad de ir haciendo múltiples paradas a petición.

El día comenzó con del cruce del paso de Tichka a 2260 m.s.n.m, el paso más alto de Marruecos, atravesando una carretera sepenteante. Viajamos a finales de marzo, con Atlas estaba nevado y hacia calor; aportando un contraste increíble entre dos estaciones diferentes.


Paso de Tichka
Carretera que cruza el Atlas

La manera más económica de desplazarse desde Marrakech es en autobús. Supratours y CTM llevan hasta Ourzazate, a 30 kilómetros de Ait Ben Haddou, desde donde es preciso continuar en taxi. Hasta Ouarzazate son casi 5 horas de trayecto, a un precio de 85 MAD, unos 8€ al cambio.


De Marrakech a Ait Ben Haddou
De Marrakech a Ait Ben Haddou, 182 kilómetros


El ksar

El Ksar Ait Ben Haddou fue declarado Patrimonio UNESCO por ser el ksar más representativo de todos los ksour (plural de ksar) que se encuentran en los Valles de Draaa, del Todra, del Dades y del Sus.  Durante nuestro recorrido bordeando la coordillera del Atlas, veríamos muchos ksour, pero sin duda, ninguno se aproxima siquiera a la espectacularidad de este.

En medio de un entorno en su mayoría árido, camuflajeándose con el color del terreno y del río, se levanta recostado sobre una montaña. El ksar consta de casas destinadas a la vivienda, tiendas, graneros, una mezquita... En la actualidad solo 4 familias habitan el ksar. Un ksar suele ubicarse casi siempre en una zona montañosa, pues al estar más elevado y dentro de una muralla continua, facilita la defensa. 

Paramos en un restaurante con terraza con vistas al ksar, donde teníamos el almuerzo incluído. Seguidamente seguimos a pie por un camino, hasta encontrarnos con un puente que permite el cruce del río hacia la ciudad. Hamid, nuestro chofer y guía nos esperaba en el vehículo.


Ait Ben Haddou
Antes de cruzar el puente
Ait Ben Haddou
Puente que cruza el río Ounila
Ait Ben Haddou
Vista del ksar desde el puente


La entrada al ksar es libre, mas dentro del mismo, hay que pagar si se quieren visitar algunas construcciones abiertas al público.  La entrada a cada una de estas casas suele estar alrededor de los 20 MAD, pero como es costumbre en Marruecos, el regateo se puede hacer presente para disminuir este importe.

Al cruzar el puente, se pasa por varias tiendas donde se venden alfombras, instrumentos, artesanía local, sombreros, collares, ropa, turbantes, postales, imanes e infinidad de objetos que llaman la atención del turista.


Ait Ben Haddou
A la entrada del ksar, la calle se abre paso entre las tiendas locales


Decenas de películas han sido grabadas aquí, entre ellas: Juego de Tronos, Gladiador, El Príncipe de Persia, Ali Baba y los 40 Ladrones, Babel y muchas otras más.

La ciudad está construida de arcilla y piedras, lo que la hace no solo un dignísimo ejemplo de la arquitectura bereber, sino del ingenio y de la capacidad resolutiva de la mente humana, creadora de lo imposible, usando elementos presentes en la naturaleza.

Ait Ben Haddou
Construcción dentro del ksar
Ait Ben Haddou
Callejuela del ksar

Las calles angostas, poco a poco llevan hasta lo alto de la fortificación, desde donde se observa el conjunto. Desde arriba sentía estar mirando una ciudad de muñecas. En el horizonte se dibujaba una bandera de colores con el azul del cielo, el blanco del Atlas nevado, el marrón de otras montañas en segundo plano y el verde del suelo fértil.


Ait Ben Haddou
Vistas en el horizonte, desde lo más alto del ksar
Ait Ben Haddou
Detalle del ksar, con sus múltiples torres

En la parte más alta, la construcción más antigua del ksar, es fiel espectadora de años de historia, con una espectacular vista 360º de todo el valle ...


aAit Ben Haddou
En la cima, la construcción más antigua de Ait Ben Haddou
Ait Ben Haddou
Desde lo más alto vemos el puente y el río Ounila

Aunque administrábamos la duración de la visita a nuestro antojo, debíamos de apresurarnos un poco para retomar la carretera, ya que nos quedaban muchos kilómetros recorrer hasta la Garganta del Dadés, donde pasaríamos la noche en una alojamiento a orillas del río Dadés.

Camino a Ouarzazate, pasamos por los ATLAS Film Studios, el más importante estudio cinematográfico de África, con 20 hectáreas de extensión. El tiempo no nos daba como para permitirnos una visita, teniéndo que conformarnos con la foto del exterior.


Estudios Atlas Marruecos
Entrada a los Estudios Atlas

Esta primera jornada era el aperitivo antes del plato fuerte, que comenzaría el segundo día. De los Estudios Atlas, continuamos en nuestro 4x4, pasando por Ouarzazate, El Valle de las Rosas y otros kasbah. Lugares en los que nos detuvimos brevemente para estirar las piernas y sacar alguna foto.

Valle de las Rosas Marruecos
El Valle de las Rosas
Medina de Ouarzazate
Medina de Ouarzazate
Kasbah Amridil
Kasbah Amridil

Ya de noche, llegamos a nuestros alojamiento: el Hotel du Vieux Chateau du Dades donde teníamos preparada una habitación doble con una amplia terraza común que con vistas al río Dadès. Las habitación era sencilla, muy rústica, pero acojedora.

A los pocos minutos sirvieron la cena a todos los presentes, quienes extranjeros en mayoría, compartimos una larga mesa en el comedor del hotel. La comida era abundante y consistía de sopa, cuscus, tagine, pan y postre. Con la barriga llenísima, regresamos a nuestra habitación y nos preparamos para acostarnos a dormir.

El segundo día prometía ser interesante, pues veríamos algunos de los paisaje más bellos de Marruecos y pisaríamos las dunas del desierto.



EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO...

No dejes de leer la parte III de esta entrada, si quieres saber cómo acabamos durmiendo a cielo abierto, sobre una alfombra, arropados por el fresco de la noche y un millar de estrellas sobre nosotros; en vez de quedarnos en nuestra haima.



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