Cómo llegué a ser polizón y náufrago en un mismo día


En el Valle de las Mariposas me embarqué como polizón en un barco, con rumbo incierto y acabando como "náufrago" en la Isla de San Nicolás. ¿Cómo saldré de esta?
Para conocer el comienzo de la historia lee mi entrada anterior: "El Valle de las Mariposas en Turquía".

¡Polizones a bordo!

... Me percaté de que a los turistas que retornaban al barco no les era solicitado ningún tipo de documentación acreditativa, lo que me hizo pensar que sería pan comido camuflarnos con el resto de los tripulantes. De este modo subimos por la escalera de popa y nos instalamos. Parecía tan sencillo que era difícil de creer. El barco estaba equipado con tres hileras filas de mesas y bancos empotrados, en el centro y a ambos lados. Ocupamos una mesa y en complicidad hablamos de nuestra suerte, aunque Daniela se mostraba un poco incrédula y no quería cantar victoria.

Daniela, en la mesa que ocupamos minutos antes de zarpar

Miutos más tarde el barco comenzó a navegar. No teníamos la menor idea de nuestro destino, lo cual hacía que la situación fuese más emocionante aún, pero tampoco queríamos preguntar a nadie para no levantar sospechas.

La felicidad nos duró poco, cuando anunciaron a la tripulación sacar los "tickets de la comida". Estos papelitos nos iban a frustrar nuestra jugada... Todos los presentes sacaron su respectivo ticket que indicaba lo que habían elegido de comer al momento de reservar el tour. Unos papeles decían pescado y otros decían pollo. Las bebidas no estaban incluídas. Sin pensarlo mucho resolví acercarme hasta la barra del bar para decir que había perdido nuestro papel, pues seguramente me lo pedirían cuando fueran a servir los platos y sería peor quedar expuestos en público.

Comencé a hablar con uno de los trabajadores, narrándole mi historia imaginaria. Enseguida me respondió que mi cara no le era familiar por lo que continué fantaseando mi narrativa. Le dije que nos habíamos embarcado el día anterior y habíamos pedido pasar la noche en el Valle de las Mariposas, pero retornando el día siguiente, por lo que con total seguridad debí perder los tickets del almuerzo en la playa. Pronto intervino el capitán, quien me hizo saber que era el dueño del barco e insistió en que debía encontrar mi ticket.

Pasé un buen rato disimulando buscar entre mis bolsillos y mi mochila, poniendo mi mejor cara de frustración. Nos sirivieron la comida a pesar de no tener el ticket, pero con la promesa de que lo encontraríamos. Al rato el capitán vino a la mesa y me dijo que nadie se subía a su barco sin pagar, dejándome claro que yo no sería la excepción. Me hacía preguntas, que dónde había comprado mi billete, a quién se lo había comprado, cuándo lo había comprado... yo tenía una respuesta para todo, una respuesta falsa pero respuesta al fin.

Daniela a todas estas guardaba silencio sin intervenir. Estaba nerviosa y un poco molesta de que la hubiese puesto en esa situación. Ante mi "fracaso" en no encontrar el ticket, el capitán me dijo que debería abonar las 75 liras turcas por persona, que costaba el paseo junto con el almuerzo.

Entre todo este revuelo íbamos haciendo cortas paradas en algunas playas o calas, donde permanecíamos por muy breves instantes para luego proseguir hasta el siguiente punto. A todas estas ya yo estaba arrepentido, no de lo que había hecho, sino de haber abordado el barco sin saber. Sin saber que me había metido en lo que yo llamo una trampa para turistas: uno de esos tours comerciales, que poco atractivo representan para un viajero; superficial, a prisa y sin ningún interés más que visual. Nos parábamos en lugares muy bonitos, pero todo quebaba arruinado con la música a su máximo volumen que estropeaba la magia y tranquilidad de esos paisejes idílicos.

Uno de los hermosos paisajes por donde pasamos

Los presentes estábamos reunidos en la cubierta superior, la cual estaba repleta de colchones para echarse a tomar el sol, con gente sancochándose como teja. El personal pasaba con una bandeja cargada de bebidas las cuales iban vendiendo.

En una de estas paradas, el capitán y uno de sus hombres hicieron una presentación lazándose de clavado desde lo alto de un acantilado. Gran parte del espectáculo consistía en ver al capitán agitando los brazos emulando a una gallina, para representar su "miedo" a saltar. La gente daba palmadas para animar, a petición del capitán y así un rato. A mi me parecía todo tan estúpido que estaba ansioso por escaparme en cualquier playa sin importar como volver luego. El acto acabó con el capitán tirándose al agua, desplegando al salir a la superficie una bandera turca con una música nacional de fondo.

En la cubierta superior del barco

De todas estas paradas solo nos bajamos en un playa, en "playa del camello". Cogimos nuestras mochilas, nos bañamos e intenté pensar en un escondite, pero la playa era tan pequeña que me verían, a no ser que nos escondiéramos detrás de una gran roca que estaba en el agua. No había en donde meterse pues no había más que agua y una gran formación rocosa imposible de escalar. Lo peor de todo es que así como nuestro barco, habían otros cuantos parándose en los mismos lugares. Era un desperdicio ver esos paisajes siendo explotados de esa manera.

El "Volkan 4", en el que viajábamos, en Playa del Camello

Presentía que el tour pronto llegaría a su fin porque estábamos haciendo un recorrido circular que parecía volver a Ölüdeniz. Al menos teníamos la certeza de que volveríamos hasta allá, pero el problema ahora era que no quería tener que abonar ese importe por un tour que despreciaba con todas mis ganas.


Gemiler Adasi (Isla de San Nicolás)

Finalmente como un oasis en medio del desierto, apareció una isla en la que estaríamos por unos 20 minutos, Gemiler Adasi (Isla de los Barcos), también conocida como Isla de San Nicolás pues se cree que San Nicolás la habitó.

Situación de la costa que recorrimos

Al ver la isla le dije a Daniela que ésta era nuestra oportunidad:
Tenemos que bajarnos, escondernos y cuando el barco se vaya, encontraremos la manera de volver.
Cabe destacar que en todo momento estábamos siendo vigilados. Sentía como si de un momento a otro fuéramos a ser arrojados por la borda, vendados y amordazados para ser comidos por lo tiburones.

Al bajarnos del barco, vi de reojo a través de mis gafas de sol al capitán haciéndome aspavientos con los brazos. Lo ignoré y uno de los hombres del capitán parecía estar dispuesto a seguirnos. Se nos acercó y nos preguntó si volveríamos. Dijimos que nos dejara tranquilos que queríamos hacer una visita.

Letrero con breve descricpión de la historia de la isla

La isla está deshabitada, con excepción de una pequeña casita junto al muelle donde vive un solitario cuidador con un Golden Retriever. La isla en ruinas está conformada por varios edificios religiosos, pequeñas casas, tumbas abovedadas e iglesias. El acceso a la fortaleza estaba justo delante del barco. Nos apresuramos en pagar las 8 liras turcas por cabeza en concepto de entrada y avanzamos hasta lo más alto de la isla, casi sin mirar atrás. Teníamos la impresión de que no tardaríamos en ser descubiertos o forzados a pagar por nuestro viaje en barco. De todas maneras yo quería explorar las ruinas. Me parecía tan ridículo hacer una visita de 15 minutos sin conocer, sin entender nada del lugar. Era como pagar por ver un partido de futbol, entrar al estadio e irse en el calentamiento.

Desde arriba teníamos una vista muy reconfortante. Solo escuchábamos el silbido del viento. Escondidos entre unos arbustos, podíamos ver todos los barcos atracados, incluso el nuestro, el "Volkan 4". Esperamos un rato, tomamos algunas fotos y cuando el barco desapareció del horizonte comenzamos a descender.

Vista hacia Fethiye, desde el punto más alto de la isla
Parte de las ruinas con vista hacia el lado opuesto a Fethiye

Casi llegando, escuchamos el sonido de la corneta del último barco que se marchaba, pero no llegamos a tiempo. Sin embargo no nos mostrábamos preocupados, estábamos tranquilos y sabíamos que todo iría bien. La sensación de libertad que se apoderó de mi en ese momento era indescriptible. Sentía que podía hacer cualquier cosa, dejando mi futuro a merced del destino y que estaría bien cuidado.

Sin mucha preocupación nos bañamos en la playa y comencé a preguntar sobre la posibilidad de ser llevados a tierra firme. Un taxi bote se ofreció a llevarnos hasta Ölüdeniz por una cantidad que me negué a pagar por encontrarla excesiva. Luego otro me ofreció el mismo trayecto por un precio mucho menor y ante la posibilidad de no encontrar otra manera decidí aceptar, porque de todos modos debía de esperar un rato pues acaba de dejar a unos turistas y el ofrecimiento era marchar cuando ellos lo hicieran. Entre tanto estaba convencido de que podría encontrar una alternativa más acorde a mis aspiraciones.

Según me comentó el capitán de un barco hasta el que nadé, todos los barcos que hacían paseos diarios ya se habían marchado pero volverían para el tour del atardecer, que consiste en ver la puesta de sol. Recordaba que el Volkan 4 llevaba un cartel que decía "Sunset Cruise", por lo que no sería ideal encontrarnos de nuevo.

Teníamos sed y hambre. Le pregunté al capitán si tenía idea de donde podría encontrar agua, lanzándome seguidamente una botella plástica. Incluso se ofreció a dejarme subir a bordo pero le dije que no había necesidad. Todos los veleros que allí quedaban pasarían la noche. Nuestras opciones se estaban reduciendo...

Finalmente me acerqué a una embarcación de corta eslora y conté la misma historia que conté al capitán de que regaló el agua. Dije que nos habíamos distraído visitando la isla y que nuestro barco se había marchado sin nosotros. Después de negociar un poco, se ofrecieron a llevarnos a tierra y desde allí conducirnos hasta Ölüdeniz, por 30 liras turcas (unos 10€ al cambio). Debímos esperar un rato hasta que al final así lo hicieron. Cruzamos ese corto tramo navegando y en la playa tenían aparcado un vehículo que nos llevaría hasta la ciudad.


Recorrido desde la Isla de San Nicolás hasta Ölüdeniz, parte en barco, parte en vehículo

Como todo buen turco, intentaron sacarnos más. Nos dejaron en una propiedad del copiloto, un hotel donde este intentó vendernos una noche de alojamiento la cual rechazamos por querernos mantener a raya con nuestro presupuesto. De allí caminamos hasta el centro y nos metimos a cenar en un restaurante del que ya teníamos referencia por haber comido un almuerzo muy barato el mismo día que nos embarcamos hasta el Valle de las Mariposas. Al salir recorrimos la zona, pero todas las opciones de hospedaje nos parecían costosas. Solo se abrió una posibilidad en frente del restaurante, en un hotel que resultó ser del piloto del coche que nos trajo. Nos iba a dejar una habitación por 20€ ya que a esa hora probablemente sería dificil ocuparla y le salía mejor ofertarla a un precio menor que mantenerla vacía. Con tan mala suerte que cuando estábamos negociando, se presentó un extranjero y cogió la habitación.

Finalmente, decidimos no buscar más y nos dirigimos hasta la playa para acampar. Se supone que está prohibido, pero en la punta más alejada de la playa encontramos varias personas acampando. Varios de los campistas parecían ser hippies y tal vez habría algún vagabundo. Después de lo aprendido en Grecia, lo demás fue rutina... nos buscamos un ducha donde bañarnos y cepillarnos los dientes. Un poco más allá encontramos sillas para tomar el sol y nos llevamos dos colchones. Armamos la tienda, pusimos nuestras mochilas dentro y nos acostamos a dormir sobre los colchones. Ölüdeniz es una ciudad con mucho ambiente nocturno. A las altas de la madrugada todavía se podía ver la iluminación tipo rayo laser proyectada en el cielo. Menos mal que habíamos encontrado este punto alejado de las discotecas, porque de lo contrario hubiese sido imposible dormir.

Por la mañana siguiente cogeríamos un furgón hasta Fethiye para marchar luego en un bus nocturno hasta Estambul.




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