Monte Athos # 2: el monasterio más espectacular de todos


Simonos Petras es uno de los monasterios más espectaculares del Monte Athos, ¡si no, el más! Construido sobre un imposible, en lo alto de una roca, a 300 metros sobre el nivel del mar, se encuentra esta sorpresa que vería en mi segundo día de estancia en la Montaña Sagrada.


EN EL CAPÍTULO ANTERIOR...

No te pierdas Monte Athos # 1: monasterios de Pandeleimonos y Xiropotamo  para saber que hice durante mi primer día de estancia en el Monte Athos.


Nuevo día, nuevo monasterio

A las 7am me encontraba desayunando en el Monasterio de Xiropotamo, donde dormí placenteramente. Al igual que en las comidas anteriores, me despachaba a mi mismo lo que quería comer, entre una selección de pan, mermelada, mantequilla, ciruelas pasas, un dulce y jugo de arándanos. Al acabar me despedí del hospedero y me dispuse a caminar hasta el siguiente monasterio, el de Simonos Petras, que se haya pasando el puerto de Dafni.

Saliendo de Xiropotamo puede darme cuenta de como los monasterios, en su mayoría, son auto suficientes. Tenían un hibernadero con su sistema de riego. Bien ordenados en hileras, se agrupaban pimentones y unos tomates grandísimos.


Tras unos 40 minutos de caminata me situé en Dafni. Por el camino de tierra que tomé pasaban algunos vehículos con cierta frecuencia. La mayoría eran camiones dedicados a la construcción, los demás eran vehículos 4x4, conducidos por monjes que viajaban en compañía de otros monjes o por monjes que llevaban peregrinos. Dafni es un punto central donde no hay otra cosa que la sede de la policía, un control de aduanas, una tienda de recuerdos religiosos, una cafetería, unos teléfonos públicos y el principal puerto de entrada a Athos.

En Dafni no habían más que unos pocos peregrinos y un par de furgonetas conducidas por monjes, que recogían peregrinos que habían hecho su reservación, y los llevaban desde Dafni hasta su monasterio. 

Dafni, visto desde el Monasterio de Xiropotamo
Dafni, temprano por la mañana

Me dijeron que tardaría unas 2 horas en llegar hasta el Simonos Petras. Yo me tardaría menos, a pesar de parar en varias ocasiones para sacar fotos, beber agua y comer higos que iba recogiendo de los árboles. Nunca había comido tantos higos en vida como lo hice en Grecia, donde hay higueras por todas partes. También me paré a hacer una reparación improvisada a mi calzado. Sentía una molestia cada vez que pisaba sobre alguna piedra, causada por un agujero que tenía en la suela, del tamaño de una moneda de 1€. Con un poco de papel de baño que llevaba en la mochila, lo dispuse dentro del zapato, haciendo una especie del colchón aislante entre mi pie y el suelo, así proseguí.


Encontraba inverosímil, ser el único peregrino a pie, pues hasta entonces, nunca me había topado con nadie. Iba todo el tiempo caminando solo. Sin embargo disfrutaba esta condición y me sentía libre. El paisaje era una belleza, en todo momento el mar me acompañaba, perdiéndose de vista en el infinito.

Vista desde el sendero, camino a Simonos Petras

Al rato, por fin divisé el Monasterio de Simonos Petras. Estaba muy contento de haber llegado por mis propios medios y sorprendidísimo por las condiciones en que fue construido, sobre una roca en lo alto de un acantilado. Ahora solo esperaba que me aceptaran para pasar la noche.

Simonos Petras en primer plano. Más atrás se ve el Monasterio de Gregoriu
El monasterio construído sobre una roca
Feliz, con el Monasterio de Simonos Petras al fondo
Me dirigí hacia la recepción, donde un monje me atendió en inglés. Como es costumbre en Athos, fue recibido con unos dulces gelatinosos espolvoreados, con un vaso con agua y una copita de ouzo. Me preguntó si tenía reservación, a lo que contesté que no. Me dijo que esperara y al cabo de un rato me dijo que no disponían de espacio, que todas las camas estaban ocupadas. Enrabietado, pregunté por un baño que pudiera usar, para refrescarme un poco antes de echar a andar nuevamente.
Al salir del baño, un monje me saludó y comezamos a hablar. Aberkios, era un hombre muy simpático, monje desde hacía 20 años. Solo salía de Athos para visitar a su familia. La fotografía era su hobbie, incluso me dió algún consejo sobre la exposición de la cámara. Era tan bonachón, que no pude evitar pedirle hacernos una foto juntos como recuerdo.

Aberkios y yo

Le pregunté si era posible conocer un poco el monasterio, a lo que accedió. Inmediatamente me presentó a otros monjes, Serafín de Siria, y a Iván, un chico francés que tenía 8 meses en el monasterio. Entre todos se llevaban fantásticamente, hacían bromas, se reían... era como si les uniera un lazo mucho más fuerte que una amistad, fraternidad tal vez.
Iván me condujo hasta el taller de costura, donde un monje de Boston-Massachusetts me haría el favor de coserme un parche del sombrero que está a punto de desprenderse. Mientras hablábamos de mi sombrero, Iván se disculpó y volvió muy pronto con un parche de Grecia, el cual me obsequió. Estoy casi seguro de que debió despegarlo de alguna prenda suya para poder para dármelo. Ese regalo fue muy especial para mi. 

Mientras el monje de Massachusetts me cosía el parche, Iván se ofreció a mostrarme una pequeña gruta/capilla. Según la tradición, San Simón caminaba por allí cuando tuvo una revelación, indicándosele construir el monasterio en lo alto de aquella roca. Allí, alumbrados por una vela me contó muchas cosas. Nos entendíamos entre inglés e italiano, idiomas que hablaba con dificultad. Me decía que antes de entrar a Athos llevaba una buena vida, pero era muy superficial. Comenzó a leer mucho y a documentarse, antes de tomar la decisión de entrar a Athos. Como no hablaba griego, estuvo tres meses en Tesalónica estudiando de idioma, y luego entró al monasterio. Era un aprendiz, y por ello no vestía el hábito. Su trabajo dentro del monasterio era el de lavar platos. Iván se refería constantemente a la vida fuera del Monte Athos, como "el mundo" y creía firmemente que al rezar, todos hacían piña, ayundando a resolver los problemas de la humanidad. Me decía que nunca más vería a sus padres y estaba seguro de que eso era lo mejor. Se comunicaba a veces con su madre por carta. Como el resto de los monjes, no ve televisión, no escucha la radio, ni había visto una mujer en meses. Decía que los monjes comían y dormían lo justo necesario.

Al salir de la gruta me acompañó a retirar mi sombrero reparado y me mostró los balcones del monasterio. Jamás olvidaré la vista desde allá arriba. Decía que era un privilegiado, que todos los días el cielo y el mar se veían diferentes. Desde ahí también podía ver el aprovechamiento del espacio, dispuesto a modo de terrazas. 


A más de 300 metros de altura, en uno de los balcones del monasterio
Terrazas vistas desde los balcones. La casa más pequeña, a la derecha, es donde guardar los huesos

 

Luego bajamos y me mostró una casa macabra, a la que quise acceder, pero Iván no disponía de la llave. Decía que allí se guardaban los cráneos de los monjes fallecidos. Primeramente los enterraban en el cementerio que se encuentra justo al lado, y posteriormente desterraban para introducir los huesos dentro de esta casa. Me contó entre las causas de muerte, que un monje se precipitó al mar mientras pescaba, otro murió envenenado por una especie de hongo no comestible.

En este punto nos despedimos pues el debía de marcharse a realizar sus labores y yo debía caminar hasta el siguiente monasterio, con la esperanza de ser admitido. ¡Qué pena no poder quedarme en este monasterio! Desde aquí proseguí en bajada por un camino que Iván me señaló. Desde abajo puede observar la majestuosidad del monasterio sobre esa gran roca, y así con esta última imagen, dejaba atrás un monasterio que me había cautivado.

El monasterio visto desde la parte baja del acantilado

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO...

Ya he sido rechazado dos veces, en el Monasterio de Pandeleimonos y en el de Simonos Petras. ¿Seré aceptado en Gregoriu o tendré que seguir caminando? No dejes de leer Monte Athos # 3: la montaña embrujada.



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