Nisyros, la isla del volcán

Nisyros

En el archipiélago del Dodecaneso, se encuentra esta pequeña isla que Poseidón formó con un pedazo de tierra que arrancó de la isla de Kos, para aplastar a Polibotes. Con  con una población de unos 1000 habitantes y el volcán más joven del mar Egeo,  ¡conozcamos Nisyros!


Transporte

Desde Kos, una de las doce islas que conforman el archipiélago del Dodecaneso, nos trasladamos en ferry hasta Nisyros, en el mismo archipiélago. El trayecto lo hicimos con la naviera Blue Star Ferries, duró unos 90 minutos y el billete nos costó 8,50€ a cada uno, sin derecho a descuento para estudiantes... ¡vaya!

En la embarcación se viaja cómodamente y el viaje se hace pronto. Como teníamos planeado pernoctar en la playa, aprovechamos que los baños del ferry estaban provistos de duchas, para darnos una ducha.

De Kos a Nisyros
Ruta del ferry desde Kos a Nisyros

 

 

Leyenda de Nisyros

Según narra la mitología, durante de la Guerra de los Titanes, Poseidón persiguió a Polibotes hasta la isla de Kos, donde arrancó un pedazo de tierra, arrojándola sobre Polibotes para no permitir que escapara. Polibotes quedó sepultado debajo de ella y este trozo de tierra es Nisyros.



Llegando a Nisyros de madrugada

Desembarcamos pasada la media noche y caminamos hacia la izquierda del puerto por una calle poco iluminada, pasando varios hoteles y una iglesia. Decidimos instalarnos en la playa y estrenar nuestra tienda de campaña, la cual era pequeñísima, de apenas un kilogramo de peso. Daniela la compró antes del viaje y la llevaba dentro de su mochila.

Acabamos durmiéndonos tarde y levantándonos pronto, poco antes de la salida del sol. Ya de mañana, pregunté a un hombre que pasaba por allí, sobre la distancia a pie hasta el volcán de la isla. Era un hombre mayor con buen acento americano que llamó mi atención:
—Apo pu ise? —Le pregunté. Que en griego significa de dónde eres.
—Soy de Nisyros pero vivo en Estados Unidos. Recibí en herencia la casa de mis padres y viajo todos los veranos para pasar la temporada aquí. 

Me decía que el volcán estaba lejos y que había que caminar mucho en subida. Me aconsejó dirigirme hasta el puerto, donde partían unos buses. Los buses no salían hasta media mañana, dejándonos suficiente tiempo para desayunar y caminar  por Mandraki, la capital, que estaba siguiendo la calle justo en frente del puerto. 

La isla vestía una imagen mucho más tradicional y pueblerina que Kos. Casas pintadas de blanco y azul, estrechas calles donde todos se conocían, una pequeña playa de arena y un poco más adelante, una larga y solitaria playa de piedras donde encontramos a una pareja de campistas nudistas. Esta playa es una buena opción para acampar, pero hay que caminar un poco para llegar hasta ella. A nosotros no nos hubiese servido, porque es muy rocosa y no contábamos con ningún aislante para poner debajo de la tienda de campaña.


Nisyros Mandraki
La armoniosa decoración en las calles de la isla
Nisyros Mandraki
Paseo bordeando el mar, con su calles de piedra


La noche anterior vimos un par de mochileros, pero les perdimos el rastro. Nos preguntábamos donde habían dormido pues les vimos caminando en sentido contrario al nuestro, hacia Mandraki. La isla parecía exenta de turismo hasta cuando, casi a la hora de partida de los autobuses hacia el volcán, comenzaron a llegar barcos con turistas que contrataron un tour de un día, ida por vuelta, para visitar el volcán. 



Ir al volcán desde Mandraki

Compramos los billetes del bus en una casita blanca, a pocos pasos del puerto. El conductor del autobús no nos solicitó los billetes, lo cual me dio rabia, porque bien podría haberme ahorrado el importe pagado, de 6€ por persona (3€ la ida y 3€ la vuelta).

El bus que era privado, hacía una parada de 45 minutos para realizar la visita en el volcán y luego volvía a su origen. Nosotros pedimos pasar más tiempo y regresarnos en otro bus. Tuvimos la ventaja de que en un momento éramos los únicos dentro del volcán, permitiéndonos pasar un rato tranquilo, a solas con la naturaleza y ese magnífico paisaje lunar. 


Acceso al volcán

El volcán está justo en medio de la isla, siendo el cráter bastante ancho y de cierta profundidad. Al llegar con autobús o con vehículo propio, se debe pasar a pie por una caseta de madera donde venden las entradas. Yo cometí el error de adelantarme a comprar los billetes, pero de haber querido, no habría sido complicado pasar inadvertido. Aún así, pagamos solamente 3€ cada uno.

Nisyros
Autobuses turísticos paran a pocos metros del cráter del volcán

 

El volcán

Un poco más de un siglo ha pasado desde la última erupción, en 1887, convirtiéndolo en el volcán más joven del mar Egeo.

Accedimos al cráter Stefanos, el más grande del volcán, bajando por un costado del mismo, a través de un camino de piedras casi tan blancas como la nieve. En el centro del cráter había un área precintada, más era sin embargo cerca de las paredes del mismo, donde se podían observar algunas fumarolas que expedían humo caliente, con un fuerte y a veces asfixiante olor a dióxido de azufre. En algunas calderas volcánicas, era clarísimo como el agua hervía a borbotones y las más pequeñas emanaban silbidos. Habían piedras coloreadas de amarillo pálido, a causa del contacto con el azufre. Alrededor del cráter principal había otros de menor dimensión y sin aparente actividad. Desconozco en que concentración se haya este elemento en el volcán, pero es una lástima que no informen al visitante sobre los riesgos de respirarlo. Solo había un cartel que ponía que el acceso al cráter es a riesgo propio del visitante.


Volcán Nisyros
Dentro del cráter del volcán, señalo como hierve una caldera volcánica
Volcán Nisyros
Centro del cráter
Volcán Nisyros
Gente saliendo del cráter
Volcán Nisyros
El cráter Stefanos, observado desde la lejanía



Mandraki, capital de la isla

Empleamos el resto del día en recorrer Mandraki y remojarnos en el mar para aliviar el calor. Entramos gratuitamente al Museo Arqueológico con nuestro carnet de estudiante. Subimos hasta la parte alta donde está el Monasterio de Nuestra Señora Spiliani. Desde arriba las vistas de la capital y la línea costera valían la pena, apreciándose en conjunto todas las casitas pintadas de blanco, con las puertas, ventanas y rejas, de azul. Incluso los muros de las casas y los escalones estaban pintados de blanco. ¡Incluso el banco estaba pintado en esos colores!


Mandraki
Casa pintada del tradicional azul y blanco
Mandraki
Todo pintado de blanco, hasta los escalones de la casa


Llegué a ver a un monje, quien me miró furtivamente y se escondió tras darse cuenta de que yo le había visto. Insistí, tocando a la puerta donde le vi entrar, porque quería saber un poco sobre el monasterio y pedir hospedaje, pero no me abrió la puerta.

La "capital" de la isla es tan pequeña que tiene unas pocas calles. La calle más turística, la que parte desde el puerto, tiene varios restaurantes turisticos. En el puerto había un cartel que decía que no era casualidad que unos restaurantes estuviesen llenos y otros vacíos, pues se trataba de tretas comerciales; y rogaba escoger bien donde comer, sin dejarse llevar por quienes, desde la puerta de sus restaurantes, invitan al turista a pasar. El letrero alegaba que cada uno es responsable de gastar su dinero como mejor le parezca.

Yo almorcé un gyros por 2,5€, sentado en la barra de un pequeño puesto de comida que se situaba frente a la playa. Daniela optó por unos enlatados que guardaba en su mochila. El gyros, es un plato económico, consistente de carne asada, dispuesta dentro de un pan de pita enrrollado, que contiene además, cebolla, tomate y salsa tzatziki, la cual se hace de la mezcla de yogur griego, pepino rallado, aceite, zumo de limón, ajo y puede contener además, pimienta, perejil, eneldo o menta. El plato suele ir acompañado de papas fritas.

Mandraki Nisyros
Restaurante turístico en la calle principal de Mandraki


Nisyros, al contrario que otras islas griegas, no puede presumir de tener bellas playas de agua cristalina. Más bien es una isla que invita a abstraerse del mundo, apacible durante la mayor parte del día, con excepción de la hora del mediodía, sería el lugar ideal para pasar los años dorados.

Playa Mandraki
Playa de Mandraki
Monasterio de Nuestra Señora de Spiliani
Monasterio de Nuestra Señora de Spiliani, visto desde abajo
Mandraki Nisyros
Linea costera de Mandraki, con sus casas blancas


Caminando por calles urbanizadas, cerca del monasterio. encontramos multitud de higueras, de las que recolectábamos y comíamos higos por cantidad. ¡Nunca había comido tantos higos en mi vida! Muchos de estos árboles crecían dentro de los jardines de las casas, invadiendo el exterior de las mismas, lo que hacía simple su recolección.

En uno de los islotes frente a la isla, llamado Gyali ó Yiali, nos explicaron que hay una cantera de donde se extrae la pumita, conocida como piedra pómez, y que el lugar solo está habitado por los mismos mineros.

La isla tiene otras pequeñas ciudades, la cuales quería visitar, pero las obvié por lo limitado que era el transporte hacia aquellos lados. El autostop en esta isla no me funcionó.



Alojamiento

Yo quería dormir nuevamente en la playa, pero Daniela estaba cansada y no había pasado mala noche durmiendo en la tienda de campaña. 

Alrededor de las siete de la tarde nos dirigimos al Hotel Remantzo, situado en frente de la playa en la que habíamos dormido la noche anterior, donde nos habían ofrecido una habitación económica que estaría lista más o menos a esa hora. Nos recibió una empleada y al comentarle lo acordado con otro trabajador del hotel, nos dejó la llave, sin ni siquiera solicitar ningún documento de identidad o preguntar nuestros nombres. Nuestra habitación estaba situada en una terraza en el segundo piso, desde la cual teníamos una agradable vista del mar, el puerto y una pequeña iglesia.

Por la noche escuchábamos música proveniente del puerto, y desde nuestra terraza podíamos ver a los músicos tocando sus instrumentos. Con esa excusa, salí al supermercado a comprar una lata de sardina, queso feta y maíz. Esta sería mi cena. 

Hotel Remantzo Nisyros
Hotel Remantzo
Hotel Remantzo Nisyros
Terraza del hotel y vista
Iglesia Nisyros
Iglesia ortodoxa, en la misma calle de nuestro hotel


Por la mañana desayunamos temprano, aprovechando a continuación, que aún disponíamos de tiempo antes de abordar el ferry que nos llevaría a Tilos, para explorar la costa opuesta a Mandraki. Caminamos por playas rocosas, hasta llegar a lo que de lejos parecía un puente destruido. De cerca tenía toda la pinta de haber sido un armatoste que funcionaba como una especie de elevador de alguna embarcación grande. Había una construcción de piedras, como una fortaleza, que cortaba el paso para seguir por la playa, que dentro albergaba grandes poleas oxidadas.


Mandraki Nisyros
Daniela caminando por las rocas. Al fondo, uno de los islotes
Mandraki Nisyros
Linea costera y a la izquierda, el puente en ruinas


De regreso seguimos comiendo higos y uvas. Esta sería una de las cosas que más extrañaría al acabar este viaje por Grecia...

Al medio día, fuimos al hotel por nuestras cosas, dejando a continuación la llave en recepción en presencia del hombre que nos atendió la primera vez, pero este no dijo nada. Lo interpreté como una confusión entre los empleados, y dado mi propósito por economizar, nos marchamos sin desembolsar el coste de la habitación. Salimos rápido por si acaso advertían el error y me detuve en un banco de madera, sobre el cual me senté a escribir una postal que había comprado la noche anterior. Hace tiempo adquirí la costumbre de enviarlas a mi madre desde cada país que visito. Aparte de las que acumula hasta la fecha, le faltarán unas 180 postales más para completar la colección; una por cada país miembro de las Naciones Unidas a día de hoy, hasta que visite la totalidad de los países del mundo, como ya lo han hecho unos pocos viajeros. En la postal escribí:

"Sentado en un banco frente al mar, esta postal escribo, pensado en Nisyros la isla de volcán. Con sus ricos higos que recolecté en el camino y su tranquilo andar, sin estar en el olvido me hace olvidarme de lo que es responsabilidad, para seguir por esta vida viajando sin cesar".

Aún con algo de tiempo, nos paramos a comer algo y entramos a una iglesia en Mandraki, que no habíamos podido conocer antes porque estaba cerrada.

Iglesia Mandraki
Interior de una iglesia en Mandraki, bellamente decorada


Alrededor del mediodía viajamos en catamarán hasta Tilos. Esta opción no era la más económica, pero de lo contrario hubiésemos tenido que quedarnos más tiempo en en la isla, dada la frecuencia de los ferries.



EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO...

Nos espera Tilos, la isla donde una vez vivió el elefante enano, un elefante de un metro cuarenta centímetros de altura. ¿Podré dar con su huella? ¿Seguiré durmiendo en playas? ¿Qué nuevas aventuras me esperan? 



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