El canal navegable más antiguo de Europa



Con 240 kilómetros de longitud navegables, esta joya de la ingeniería del siglo XVII que une el Atlántico con el Mediterráneo, es una proeza y muestra de que la imaginación no tiene límites. Esclusas, puentes, acueductos, árboles milenarios y la adaptación de la fauna; hacen de este canal una verdadera obra de arte, funcional y hermosa a la vez. ¡Bienvenidos a este Patrimonio de la Humanidad, uno de mis favoritos en todo el mundo, el Canal du Midi!

El Canal du Midi o Canal del Mediodía es una vía navegable que une el Río Garona en Toulouse con el mar Mediterráneo. Este, junto con el canal de Garona o canal de los Mares, que une Toulouse con Burdeos, une por vía fluvial el Atlántico al Mediterráneo.

Obra de Pierre-Paul Riquet, se utilizaba para el transporte de mercancías y personas. Las embarcaciones eran haladas por caballos, que iban por el camino que sigue el curso del agua. Con el tiempo, los caballos fueron sustituídos por motores y finalmente, su uso cambió con la llegada del ferrocarril. Hoy en día es frecuentado por turistas y por aficionados a la navegación. Además, ostenta ser el canal navegable en funcionamiento más antiguo de Europa.

El Canal du Midi que parte de Toulouse y desemboca en el Mediterráneo



Cómo llegar

Se puede llegar al Canal du Midi, yendo a cualquiera de los lugares por donde pasa el canal. En mi caso, visité por primera vez el canal en la ciudad de Toulouse y posteriormente en Carcassonne, donde me pareció más interesante.

Una embarcación atraviesa la esclusa de Carcassone por debajo del Pont Marengo

 

 

Moverse por el canal

Tenía pensado navegar por el canal, más que todo porque me atraía muchísimo el proceso de apertura y cierre de las esclusas para salvar la orografía, puesto que el nivel del agua varía. Se usan así las esclusas para nivelar el agua y permitir la navegación.

Me dirigí directamente al puerto en Carcassonne para informarte sobre las salidas de las embarcaciones. El precio de los paseos en barco varía en función de la duración del mismo. Según la empresa, entre 1h 15 minutos y 1h 30 minutos, el precio es de unos 8€. Para los recorridos de 2 horas 10€ y para los de 2h 30 minutos unos 10,50€. Existe uno aún más costoso que por 38,50€ y 2,5 horas de paseo, incluye una comida (almuerzo o cena). Todas las empresas tienen un pequeño stand o kiosco en el puerto, donde ofrecen sus servicios y dan información. En el mismo puerto hay una empresa de alquiler de bicicletas, una excelente opción para transitar por el canal.

Barcos a un lado del canal
Embarcación paseando turistas por el canal
Ciclista dando un paseo por el canal con sus perros


Hay que tener en cuenta que no hay muchas salidas diarias, por lo que es mejor planificar con tiempo. Por lo general hay dos ó tres salidas por la mañana/mediodía y otras dos por la tarde. Yo acudí al puerto un sábado y a la hora que yo quería navegar no había ninguna salida. De modo que preferí no esperar y me decidí por caminar en paralelo al curso del agua, en sentido al Mediterráneo. Al principio tuve que sortear algunos "obstáculos", cruzando puentes o caminando por la acera paralela al canal, pero pronto encontré como acceder al camino de tierra junto al agua.



Caminando al lado del canal

Tan pronto como comencé a caminar comprendí que había acertado en mi decisión de recorrer el canal en solitario y a mi ritmo. El paseo a pie, en mi opinión tiene muchas ventajas respecto a la navegación. Uno era que podía ir parando a mi aire, hacer fotos, contemplar mejor el paisaje y escuchar los sonidos de la naturaleza, sin el ruido de un motor o gente conversando. La única desventaja, es que demoré mucho más, pero no tenía ninguna prisa y de hecho, llegué más lejos de lo que lo haría el paseo que me ofrecieron.

Creo que de no escoger hacer el trayecto al amanecer, la mejor hora es como lo hice yo, a media tarde, pues da tiempo suficiente de volver antes de que oscurezca, y no pega el sol en vertical. Sin embargo, el canal es durante la mayor parte del tiempo, una bocanada de aire fresco. Ambas orillas están rodeadas de árboles, unos 60.000 a lo largo de todo el canal. Tanta sombra hace que sea un paseo muy ameno, y confiere a las hojas de los árboles unos colores muy vivos. Entre los árboles se cuela poca luz, dando como resultado bonitos reflejos proyectados en el agua.

Pronto comenzaría a pasar por las primeras esclusas. Primero llegué a l'Epanchoir de Foucaud, una casa donde las embarcaciones realizaban breves paradas turísticas para degustar productos locales o comprar alguna bebida. Tanto esta casa, como las situadas al lado de cada esclusa, se indica en una placa, la distancia entre una esclusa y otra en ambos sentidos, es decir, la distancia hasta la próxima y hasta la que se ha dejado atrás. Hasta este punto había caminado 3.440 metros. Me faltaban 1.682 metros por recorrer hasta la esclusa de Ladouce.

Epanchoir de Foucaud a 3.440 metros de la esclusa de Carcassone
Esclusa de Ladouce a 5.122 metros de la esclusa y puerto de Carcassone
Esclusa de Ladouce


Luego sabría gracias a un cuidador, que existe un horario de cierre y un horario de apertura para las esclusas. Cada cuidador recibe una llamada por radio, del cuidador de la esclusa anterior para avisar que una embarcación se aproxima y así proceder a aperturar la compuerta, para que la embarcación pase.

Primeramente se abre un paso de agua gradual, que permite ir llenando de agua la esclusa. Al abrir la primera compuerta y dejar la segunda cerrada, el nivel del agua se equipara, permitiendo que la embarcación pueda entrar a la esclusa. A continuación se cierra la compuerta que el barco ha dejado atrás y se abre la segunda compuerta para que el barco continué navegando por el canal. A la hora de cierre del paso, las embarcaciones que queden entre una esclusa y otra han de permanecer allí, pudiendo continuar a la hora de apertura al día siguiente.

Desde Ladouce caminé otros 1.376 metros hasta la esclusa de Herminis y luego 270 metros hasta la esclusa de Lalande. Hasta este punto había recorrido una distancia de 6.768 metros y tenía 4.740 metros por delante hasta la esclusa de Villesèque, pero decidí regresar hasta Carcassone ya que pronto comenzaría a oscurecer y me quedaban ahora, los casi 7 kilómetros de vuelta más otros 2 kilómetros hasta el albergue. Sin darme cuenta, ese día debo haber recorrido más de 20 kilómetros a pie.

La esclusa de Herminis


A la hora de mi regreso ya no pasaba ninguna embarcación. La hora de cierre de las esclusas había pasado. Ante tal tranquilidad, pronto comencé a ver unos ágiles nadadores en las aguas del canal: el coipo o nutria roedora. Algunos salían a la orilla a alimentarse, pero son muy asustadisos y no logré fotografiarlos. Si intentaba acercarme, se sumergían velozmente en el agua.

Vista del Canal du Midi
Descansando en el césped, próximo a una esclusa

Estaba muy contento por mi visita al canal. Disfrutaba de la libertad que me proporcionaba caminar a mi antojo, habiendo incluso llegado más lejos de lo que lo hacían las embarcaciones que zarpaban del puerto. Como me sucede con frecuencia cuando viajo; recuerdo haber alcanzado ese punto en que me sentía tan feliz de estar viajando, que no podía dejar de pensar en el próximo viaje y en la perfección de la vida, cuando se vive como quiere ser vivida o cuando se siente satisfacción por lo que se hace. Con esta actitud positiva llegué de noche a Carcassonne, con tiempo suficiente de comprar comida en el supermercado, para poderme cocinar la cena en el albergue. Al día siguiente completaría mi visita por Carcassonne y volvería a Barcelona...


No dejes de leer mi entrada sobre Carcassonne, titulada:  "La ciudad fortificada más bella de Francia". Si te gusta viajar, SÍGUEME en mis aventuras por el mundo, comenta, comparte, dale like y ¡hasta la próxima!


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