septiembre 25, 2015

La ciudad episcopal de Albi


En la región de Midi-Pyrenees, la más grande de Francia, se encuentra una ciudad construída gracias a su propio río; del cual se obtuvo la arcilla para fabricar ladrillos y construir su catedral, casas, puentes y palacios. Te presento a Albi...


Transporte

Me trasladé en tren desde Toulouse hasta Albi, demorando aproximadamente 1 hora. Salí muy temprano de mi hostal, por lo que antes de las 8am ya estaba visitando la ciudad del ladrillo rojo.

Tan solo pagué 5€ por el billete de ida; lo mismo que por el billete de vuelta a Toulosse. Esto gracias a que me informé previamente en la taquilla de la "Gare", donde me dijeron que habían horarios en los cuales los trenes eran más económicos. Siendo la tarifa normal 14,10€ por trayecto. A este tarifa se le llama Tikémouv y con este mismo nombre se puede ubicar en los folletos de los horarios, las horas en las que resulta más económico viajar.


Trayecto en tren desde Toulouse hasta Albi


Qué visitar

La ciudad es lo suficientemente compacta, como para recorrerla en una mañana, además de que casi todos los sitios de interés se encuentran concentrados.

Cómo llegué muy temprano y casi todo estaba cerrado, aproveché para desayunar. Seguidamente me dirigí hasta la Catedral de Santa Cecilia, la cual es la mayor catedral de ladrillo del mundo. El acceso es gratuito, aunque si se han de pagar 5€ por acceder al coro de la catedral, 2€ para acceder al tesoro y 6€ por la entrada combinada. Al momento de mi vista ambos se encontraban cerrados por labores de restauración.

Sainte-Cécile, la catedral de ladrillo más grande del mundo
Interior de la catedral
El casco antiguo o la Catedral de Santa Cecilia, están a escasos 10 minutos a pie desde la estación de Albi-Ville.  La ciudad, más que una ciudad parece un pueblo, tanto por sus dimensiones como por la tranquilidad que en ella se respira.

Una vez abrió la Oficina de turismo de Albi entré para informarme y para solicitar un mapa. Me atendió una señora muy amable con la que conversé en inglés, español e italiano. Me maravilló su destreza con los idiomas, pues esto en Francia no es muy común. Incluso estuve en otras oficinas de turismo en donde solo hablaban francés.

Sede de la oficina de turismo

En el mapa se detallan 3 circuitos por Albi, con una duración aproximada de 1 hora cada uno:
  1. Circuito amarillo: muestra las diferentes etapas de desarrollo de Albi.
  2. Circuito azul: transcurre a orillas del Río Tarn y sus barrios.
  3. Circuito púrpura: ruta por el casco antiguo.
  4.  
Descarga aquí el mapa en PDF con los tres circuitos.



Comencé con el circuito púrpura, un poco siguiendo el mapa, un poco improvisando. Detrás de la catedral se encuentra la Place Savène, una plaza encantadora, precedida por la Rue Savène.

Los barrios que rodean la catedral se mantienen casi intactos, con viviendas que datan desde la Edad Media. Es como si el tiempo no hubiese pasado por aquí.

Las casas de Plaza Savène
Plaza Savène, un lugar entrañable en el barrio de Castelviel

De vuelta a la Rue Savéne e inmediatamente a la izquierda, está el fresco del bicentenario o la fresque du bi-centenaire, un mural pintado en 1989, que conmemora la anexión de Castelviel a Albi durante la Revolución Francesa en 1789. El mural está pintado donde solía estar la Iglesia de San Loup, de la cual solo se conserva el campanario.

En mural en la esquina de la rue du Paradis y rue Catalane

De aquí continué bajando para pasar por debajo de un puente de arcos, sobre el cual pasa el tren y aproveché para tomarme un foto, en una pared decorada con arte callejero muy bien logrado.

Graffitis en los ladrillos, una pena
Puente sobre el cual pasa el tren y la catedral al fondo. Abajo, un parking

Volví marcha atrás y llegué hasta la place de la Trébaille, donde se hayan los vestigios del claustro de una catedral romana, de la cual solo quedan en pie tres arcos. Por detrás de las ruinas bajé unos escalones que me condujeron hasta el río Tarn.

Restos de un claustro romano
El camino que discurre al lado del río

Una vez en la parte baja de Albi pude apreciar parte de la antigua muralla y el Pont Vieux o Puente Viejo, que es de los más antiguos que se conservan en Francia. ¡Ya lo creo que es una ciudad hecha de ladrillos! No es de sorprender que haya sido declarada Patrimonio UNESCO en el año 2010, pues apenas ha sufrido cambios con el pasar de los siglos.

El Palacio de la Berbie, con su antigua muralla a orillas del río Tarn
A la izquierda, el Puente Viejo, construído en el año 1035
Palomas por montón, al vuelo y posándose sobre hendiduras en el puente
Acercamiento del puente y las palomas anidando


Puente Viejo visto desde el otro lado del río
Pont du 22 Août 1944 y la arquitectura reflejada en el agua

Continué bordeando el río y me adentré en un itinerario por la naturaleza, el cual al parecer rodeaba la murralla hasta llegar cerca de la estación de trenes. En cierto punto, dejé de ver árboles y salí en un camino asfaltado. Para no desperdiciar tiempo, volví por el mismo camino y luego de unos 20 minutos de marcha caí sobre el Puente del 22 de Agosto de 1944.

Parte del techo de naturaleza que recorrí
Albi, vista del el Puente 22 de Agosto de 1944

A este punto ya había creado un itinerario a mi manera. Sin querer y a la vez queriendo, había estado combinando con mis improvisaciones, los tres circuitos: el amarillo, el azul y el púrpura.

Alrededor del mediodía, regresé hacia el casco antiguo, sentándome en un escalón a la entrada del mercado cubierto, donde almorcé una lata de frijoles que llevaba en la mochila. Me los comí con mucho gusto, haciendo uso de mi última y práctica costumbre durante mis viajes: comer con unos palitos chinos que llevaba conmigo, que son más compactos y livianos que unos cubiertos.

El marché couvert o mercado cubierto

Con el estómago contento, traté de estitar al máximo el tiempo antes de volver a la estación para coger mi tren de vuelta a Toulouse, con tarifa Tikémouv.

Recorrí varios sitios por los que no había pasado durante la mañana. Me paseé por calles, plazas, parques, edificios emblemáticos donde ahora habían hoteles, una iglesia y su cláustro.

Una plaza, la cual no recuerdo el nombre
Iglesia de San Salvi
Claustro de la iglesia de San Salvi


Continué hasta la Plaza Santa Cecilia, a pocos pasos de la catedral, donde se encuentra el Palacio de la Berbie que alberga dentro de sus paredes al Museo Toulouse-Lautrec. Intenté acceder con mi carnet de estudiante, pero la entrada no era gratuita.

Bordeé el museo dejándome llevar la cantidad de gente que iba en esa dirección y llegué hasta el jardín del Palacio de la Berbie. "Berbie" en occitano significa obispo. El palacio fue por lo tanto residencia episcopal. El acceso era libre y de inmediato me convencí de esto que valía más la pena, que pasearme por una sala llena de pinturas y otras exhibiciones. 

El paisaje, que se pierde de vista entre tantos techos rojizos, es un deleite. Sin duda de lo mejor de Albi. A través de una rampa se puede llegar hasta la torre en forma de cono, caminar por el corredor, a los lados del jardín.

Jardín del Palacio de la Berbie
Palacio de la Berbie
La fortaleza vista desde el jardín del palacio

Luego continué hacia el otro lado del río, cruzando el puente viejo para más tarde, regresar despacio hasta la estación de trenes, paseándome un poco por la parte más moderna de la ciudad.

Siempre me han atrapado las pequeñas ciudades como esta. Tan antigua como histórica, Albi ha sido uno de mis destinos favoritos. Ahora me espera Carcasona, la ciudad fortificada a la que siempre he querido ir...



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