La ciudad fortificada más bella de Francia


Declarada Patrimonio UNESCO en el año 1997, la ciudad fortificada de Carcassonne o Carcasona, es es lugar perfecto para  trasladarse a la Edad Media e imaginar peleas entre caballeros, justas, invasiones y comerciantes vociferando sus productos a los transeúntes... Lo mismo que debe haber pensado el director de Robin Hood: Príncipe de los Ladrones, quien se valió de esta ambientación para rodar escenas de su película.


La Ciudad de Carcassonne es una fortaleza medieval con 2500 años de historia, más de 3 kilómetros de muros y 52 torres; reconstruida por Viollet-le-Duc en el siglo XIX. Desde hacia mucho tiempo que me imaginaba paseándome por su calles y este era el principal objetivo de mi viaje por la región. Me encontraba por la tanto inmensamente feliz de poder finalmente visitar este lugar de cuentos.



Cuándo ir

Lo más conveniente para evitar masificaciones de turistas, es evitar los meses de verano. En mi opinión Septiembre es un buen mes para viajar, que fue cuando yo lo hice, porque las condiciones climáticas eran perfectas y no es temporada alta. 

Para quien disfrute de la música y las aglomeraciones, entre los meses de Julio y Agosto se celebra el Festival de Carcassonne, donde tienen lugar conciertos y el segundo espectáculo pirotécnico de Francia.


Mapa de Carcassonne

Carcassonne es una ciudad que se puede recorrer a pie sin ningún percance. La estación de trenes está a tan solo 600 metros de la Place Carnot y a 2,1 kms de la fortificación, por lo que se puede llegar de la estación a la Cité en apenas 25 minutos. Disponer de una biciclete no es una mala idea, puesto que el entorno del Río Aude y del Canal du Midi son perfectos para moverse en pedales.

Aquí te puedes descargar el mapa de Carcassone, el mismo que te entregarán en cualquiera de las Oficinas de Turismo de Carcassone.


Transporte

En septiembre de 2015, fecha de mi viaje, el billete normal de tren Toulouse-Carcassonne valía 16,50€ y 7,50€ con la tarifa Tikémouv, la cual permite desplazarse por un precio reducido en la región Midi-Pyrénée, en horarios específicos. Los horarios se pueden consultar en los folletos disponibles en todas las estaciones o en la página web de SNCF.

Aunque me apene decirlo, viajé gratuitamente. La razón es que quería subirme al primer tren, pero el primer tren no aplicaba la tarifa Tikémouv. Dado que era muy temprano, consideré que a esa hora no pasaría ningún revisor y acerté en mi decisión.


Trayecto en tren desde Toulouse hasta Carcassonne


La ciudad se despierta

Llegando tan temprano es normal encontrar a la ciudad medio dormida; con sus calles casi vacías y los comercios cerrados. Pero si algo disfruto verdaderamente, es llegar a una ciudad cuando el Sol se asoma y recorrerla antes de que la actividad comience.

Salí de la "gare" y pocos pasos ya me encontraba cruzando sobre el primer puente y la primera esclusa del Canal du Midi. Recuerdo que sobre el puente me crucé con un argentino muy arrogante, quien me buscó conversación. Decía que tenía varios meses viajando y que Italia le había parecido una mierda, Francia igual... y así nombró varios países, refiriéndose a ellos con desprecio. Con adjetivos impropios, se refería también a los empleados del hotel donde se hospedaba, de quienes hablaba como si de seres inferiores se tratase. No lo confronté en ninguna de sus opiniones, ni dejé que ello alterara mi maravillosa percepción del mundo y de los lugares que visito, pero me dejó bien claro que era un patán.

Desde el puerto parten las embarcaciones que navegan las apacibles aguas del canal en ambos sentidos, con varias salidas durante el día. Ofrecen visita comentada y los más costosos, almuerzo o cena durante el paseo.

La estación de trenes de Carcassonne
Vista de una esclusa desde Pont Marengo y el puerto del Canal du Midi, del siglo XIX



Qué visitar

Al centro de la ciudad, se le conoce como ville basse y es donde la mayoría de los hoteles están ubicados. Pronto me encontraba en el mercado de los sábados que se celebra en la Place Carnot, donde es muy agradable sentarse a observar a los locales haciendo sus compras.

En el mercado se venden flores, frutas y vegetales; todos los martes, jueves y sábados por la mañana. No desperdicié la oportunidad para desayunar con frutas y un dulce con pasas que estaba buenísimo. En el centro de la plaza está la Fuente de Neptuno, construida por escultores italianos, padre e hijo, en 1771.

El mercado en la Plaza Carnot
La Fuente de Neptuno, en el centro de la Plaza Carnot


A pocas calles de la plaza, en la Rue Voltaire, se encuentra la Catedral de Saint-Michel de Carcassonne y el Jardin du Calvaire; un parque con aire de cementerio; con cipreses, cruces, estatuas de santos y sepulcros.

Catedral de Saint-Michel
Jardin du Calvaire


Seguidamente me dirigí hasta "la poste" u oficina de correos, para enviar como es costumbre, mi postal a casa, y esperé unos minutos a que abriera la oficina de turismo para recoger un mapa e informarme sobre las opciones de alojamiento. Aún tratándose de hostales, los precios no son económicos, pero corrí con suerte, pues luego de llamar por teléfono, nos informaron que había disponibilidad en el albergue de juventud, dentro de las murallas. Así me dirigí en esta dirección, pasando por el emblemático Pont Vieux o Puente Viejo, que cruza el Río Aude, desde donde ya podía las murallas y las torres en lo alto de una colina.

Puente Viejo y el río Aude
El Puente Viejo y al fondo la ciudad fortificada, con sus torres y murallas

Desde este lado de la ciudad hay muchos restaurantes y opciones de alojamiento, pero los precios son un poco más elevados respecto a la ville basse.




En menos de cinco minutos ya me encontraba frente a la entrada principal a la ciudad amurallada, la Porte Narbonnaise.

Porte Narbonnaise, el principal acceso a la Cité
La Dama Carcás en la entrada de la Puerta Narbona


La ciudad fortificada está conformada por una doble muralla. Es posible caminar entre ambas, para acceder luego a la Cité por medio de la Puerta Aude, y así me dispuse a hacerlo.

Jubiloso, camino entre la doble muralla de Carcassonne
Acceso por la Puerta Audde
Puente de entrada al Château visto desde la parte baja



Alojamiento

Luego de pasear por las murallas, busqué el Auberge de Jeunesse Carcassone, para garantizarme hospedaje. Fui atendido por un hombre políglota, con quien me entretuve conversando en español, luego italiano y finalmente en inglés. Me solicitó el carnet de alberguista, ya que lo contrario pretendía cobrarme un extra de unos 9€ por hacerme el carnet. Como no estaba dispuesto a pagar de más, mostré mi carnet de estudiante universitario, alegando que ya tenía el de alberguista, pero que no lo llevaba conmigo. La historia coló y únicamente me cobró los 23,40€ por una cama en una habitación compartida, por una noche.

Solicité una cama en una habitación sin ocupantes y me fue concedida, por lo que acabé siendo el único en mi habitación para cuatro personas. En el precio venía incluido un desayuno consistente de cereal, yogurt, miel, ensalada de frutos, zumo, café, pan y queso. ¡Y lo mejor de todo, dentro de la muralla! El albergue también dispone de una sala de lectura, mesa de ping-pong y cocina de uso compartido.


Calle y entrada del albergue de juventud donde me hospedé



Continuando con la visita

Dentro de las murallas hay multitud de restaurantes, donde se pueden degustar platos típicos de la zona como el cassoulet. Los precios son obviamente más elevados respecto al centro de la ciudad y están atestados de turistas. Durante mi estancia opté por comprar provisiones en el supermercado Carrefour que está frente a la Plaza Carnot, comiendo sentado en un banco o me cocinaba algo en el albergue.

En la Cité, también abundan las tiendas de recuerdos, donde se venden el tipo de artículos que se esperan encontrar en un lugar con este: escudos, espadas, hachas, cascos, trajes, armaduras, pinturas... Hay un Museo de la Tortura, donde se presenta la historia de la Inquisición e instrumentos de tortura usados hasta la Revolución Francesa. Entre otras atracciones, también destaca la Casa Embrujada, el Museo de la Escuela, representaciones medievales y tours a caballo o en tren turístico.

La mejor hora para perderse por el pequeño laberinto de calles que conforman el interior de la muralla, es temprano por la mañana, hasta las 9 am. A estas horas reina una paz envidiable. Ya más tarde, los turistas que llegan que se pueden contar por centenas, congestionando las calles y haciendo la visita menos placentera.


Callejuela dentro de la ciudad amurallada

Comparativa de la misma plaza a diferentes horas del día
Calle con la Basílica de Saint-Nazaire al fondo

De los dos pozos que daban agua a la ciudad, se dice que el más grande y antiguo, que data del siglo XIV, esconde un tesoro que se intentó hallar sin éxito, en una búsqueda organizada en 1910.


Pozo ubicado en la Place du Grand Puits (Plaza del Gran Pozo)


El acceso a la Cité es gratuito. En el Château Comtal en cambio, dentro de la Cité, se paga una entrada. Por ser residente europeo, accedí gratuitamente tras afirmar tener 25 años de edad, ya que el beneficio solo se obtiene hasta los 25 años. Así que tomen nota de este consejo.

Entrada al Château Comtal, vista desde una de la torres dentro del Château


La visita al Château Comtal es un "must", sobretodo para comprender los métodos constructivos y cómo funcionaban los sistemas defensivos usados contra los ataques e invasiones. Al principio de la visita se proyecta un cortometraje muy interesante sobre la historia de la Carcassonne. Recomiendo dedicarle al menos 2 horas a este recorrido e intentar acceder a primera hora de la mañana, cuando la fila para entrar es considerablemente más reducida.

Todo el conjunto de torres, pasajes, habitaciones y vistas es impresionante; con tejados rojizos y campos de siembra que se pierden de vista en el horizonte. Carcassonne es uno de esos lugares, en el que todo asiduo de la fotografía podría pasarse el día entero inmortilizando fotos de postal.

Vista del conjunto de torres y la muralla
Torre defensiva del Château

A la salida, continué caminando por plazas, calles empedradas y visité la Basílica de Saint-Nazaire, una joya de la arquitectura Romanesca y Gótica.

Place Auguste Pierre Pont al lado de la Basílica
Exterior de la Basílica de Saint-Nazaire


Pasado el mediodía, volví al centro a comprar comida en el supermercado y luego al puerto, para informarme sobre las embarcaciones que navegaban el canal, pero con la mala suerte de que ya no habrían más salidas por ser domingo. ¿Qué hacer ahora? Resolví entonces caminar siguiendo el curso del Canal du Midi y fue la mejor elección que pude hacer... No te pierdas mi próximo capítulo para conocer la belleza de esta sorprende obra maestra de la ingeniería del siglo XVII. Así pasé el resto de la tarde, recorriendo el canal y pasando esclusas a pie. Por la noche volví a mi albergue, no sin antes darme un paseo por las calles de la Cité.

El ambiente nocturno era muy movido, en especial porque dentro de la ciudad medieval, estaba teniendo lugar un concierto en el Teatro de la Cité, donde con frecuencia se organizan espectáculos.

El teatro de día (cuando lo visité)

Por la mañana me levanté muy temprano para caminar por las calles en soledad y visitar los alrededores. Caminé por el Cimetiere de la Cité (cementerio de la ciudad), ubicado justo en frente de la Puerta Narbona. Allí caminé respetuosamente por un rato entre féretros y mujeres vestidas de luto, que dejaban flores a los difuntos.

En Puerta Narbona
Cementario de la Cité


Al salir tomé un sendero, pasando por viñedos y adentrándome en una montaña. Tenía referencia de un sitio donde hay unas vistas fantásticas de la ciudad fortificada, pero no lo encontré. En su lugar, encontré sin querer el Parque Australiano que estaba cerrado en esta época del año, pero desde afuera pude ver a los canguros pegando brincos de un lugar a otro.

Luego salí por una carretera y comencé a caminar por el hombrillo. Saqué mi mapa, dándome cuenta de que muy cerca había un lago... ¡allí iría! Levanté el dedo mientras caminaba y en menos de un minuto, se detuvo un señor muy amable que me dejó justo en la entrada del Lac de la Cavayère. Era la primera vez que intentaba hacer auto-stop en Francia, y me pareció tan sencillo que, a mi salida del lago, regresé del mismo modo. Esta vez me llevaron en un camión, ocupado por un hombre y su hijo. El camión era su hogar y allí dentro tenían todo lo que necesitaba para vivir.



El lago es muy bello y el lugar es enorme. Se le puede dar la vuelta a pie o en bicicleta y tiene tres playas, las cuales están custodiadas por salvavidas durante el verano, meses en los cuales también instalan un parque de agua con inflables y se alquilan hidropedales. El entorno invita al descanso, la relajación y a la meditación con la naturaleza. Aquí hice amistad con un pato a quien invité a desayunar conmigo...

Uno de los tantos paticos que hacen vida en el lago


Cerca del mediodía volvía al albergue, donde ya había pedido permiso para hacer uso de la cocina, a pesar de haber hecho el check-out y me dirigí camino al centro donde esperaría por el autobús de vuelta a Barcelona. Sentado en la arena de aquella playa, no podía dejar de pensar en lo libre que me sentía y en cuanto había disfrutado este corto viaje por Francia, que me había llevado a conocer Toulouse, Albi y Carcassone. ¡De seguro seguiré visitando este, mi vecino país!


Si como a mi te gustan las ciudades medievales, no dejes de contarme en cuáles has estado y no te pierdas mis entradas sobre Óbidos y San Gimignano. Si te gusta mi blog por favor suscríbete para que estés al día de todos mis viajes y comparte con otros viajeros. En mi siguiente entrada: "El canal navegable más antiguo de Europa", te llevo hasta el Canal du Midi.




Entrada destacada

El Monasterio de San Naum en Macedonia

Muy cerca de la frontera con Albania, se haya en Macedonia un monasterio ortodoxo de estilo bizantino que no podía dejar de visitar. En...