Mi visita a Progradec

 

Situada en la costa del Lago Ohrid, esta ciudad albanesa está incluida está incluida en la lista tentativa de la UNESCO como extensión del sitio Patrimonio natural y cultural de la región de Ohrid porque se encuentra en un entorno natural de excepcional belleza, mientras que su centro histórico representa un ejemplo de la arquitectura vernácula de Albania del siglo 19 y 20. ¡Bienvenidos a Progradec!


Según hallazgos arqueológicos, existió un asentamiento fortificado cuya existencia acabó luego de invasiones eslavas  y bulgaras, pero una nueva ciudad se formó en al área bajo la colina del castillo. Esta nueva ciudad fue nombrada "Podga Grada" (Pogradec) que significa debajo de la ciudad

Las ruinas del castillo se elevan 205 metros sobre el nivel del Lago Ohrid en su punto más alto. Sus viejas calles y casas típicas representan una tradición constructiva ancestral, además exiten en en esta región las ruinas de la iglesia paleocristiana de Lin y las huellas de la calzada romana Vía Egnatia.




Llegué a Progradec (1€ = 137 leke)


Luego de visitar el Monasterio de San Naum, entré a territorio albanés por la frontera de Tushemisht, donde la única opción que tenía para llegar hasta Progradec era la de caminar casi los 8 kilómetros que separan ambas poblaciones o subir a un taxi, ya que no habían autobuses y porque por ahí no pasaba un alma como para hacer autostop. Me decí entonces por la última, subiéndome abordo de un Mercedes Benz con una antiguedad mínima de 30 años, que me acercó hasta Progradec por 5€ ya que aún disponía de moneda local.


Miresevini ne Shqiperi! Welcome to Albania!


El conductor del taxi me dejó en la calle Rruga Rinia, que en albano significa Calle de los Jóvenes de la calle, desde donde caminé en linea recta hasta llegar al Lago de Ohrid, el cual ya conocía por el lado de Macedonia.

La ciudad, aunque pequeña, tenía mucho movimiento de personas por la calle. Frente al lago llamaron mi atención varios grupos de hombres que jugaban ajedrez y al dominó, y me dispuse a o observarles jugar. Parecía que era el deporte nacional porque se les veía jugar incluso dentro de las pequeñas embarcaciones atracadas en la orilla del lago. Mientras estaba en eso se me acercó un hombre de unos 40 años iniciando una conversación. Nos acabábamos de conocer y sin esperarlo me invitó a tomar un té. 


Jugadores de dominó de Progradec
Cuando digo que juaban hasta en los botes, no lo digo en sentido figurado


Al principio me extrañó tanta gentileza pero pronto comprendí que no estaba con un occidental. Los occidentales somos diferentes. Estamos acostumbrados a desconfiar de cualquier acción desinteresada que se nos presente, porque no estamos acostumbrados a recibirla de un extraño. Me contó que se encontraba sin trabajo, hablamos un poco de nuestras familias, de la situación de pobreza de Albania, de mi viaje... Cuando nos acabamos el té se ofreció a hacerme un recorrido de su ciudad y a acompañarme hasta una casa de cambio.

Lo primero que me sorprendió fue ver a unas mujeres lavando alfombras en la calle, en un lugar que parecía destinado a tal fin. Otras improvisaban junto al río para lavar su ropa y la secaban al sol.

Lavando alfombras en plena calle
Lavando y sacando ropa a las orillas del Lago Ohrid



La primera diferencia que noté entre Macedonia y Albania fue el estado de las vías. En Progradec casi todas las calles estaban accidentadas, desniveladas, llenas de huecos o incluso sin pavimentar. En ambos países es de lo más común ver troncos de madera acumulados en los balcones de los edificios o en los patios de las casas, los cuales se usan para cocinar y calentar las casas en invierno.

Un minibus recorre una calle sin pavimentar. A la izquierda los troncos de madera


También me llamó la atención que por las calles se veían muy pocas mujeres, parecía una ciudad de hombres y para hombres. Visitamos también una iglesia, recorrimos calles empedradas, otras destrozadas, vimos casas construidas del modo tradicional, otras en su mayoría bien pintadas en la fachada y a obra vista por los laterales.


La iglesia
Casa de construcción tradicional


Yo era el único turista en esa pequeña ciudad, y probablemente uno de los pocos que hubo en todo el 2015, pues la ciudad de Ohrid en Macedonia, al otro lado del lago, es mucho más agradable a la vista. Por las calles me observaban con extrañes, sobre todo cuando sacaba mi cámara para hacer fotos. A veces llegué a sentirme incómodo ante tal situación, por lo que me abstraía de tomar fotos para no atraer la mirada de curiosos y pasar un poco más desapercibido.

En cierto momento, mi nuevo amigo Zafir, con quien conversaba en italiano, me dijo que se debía encargar de un asunto personal, por lo que aproveche para continuar recorriendo la ciudad a mi ritmo, quedando de acuerdo en reencontrarnos más tarde junto al lago.


En un mercado los transeúntes me miran mientras los retrato
Escultura frente al paseo junto al lago



Así lo hice y cuando volví lo encontré jugando ajedrez mientras esperaba por mi. Le pregunté si no comía y me dijo que solo lo hacía dos veces al día. Al final y tras insistir un poco accedió a venir conmigo a comer y entramos en un restaurante local, donde una vez más me invitó sin aceptar que yo pagara por la comida.

Un rato antes habíamos intercambiado nuestros datos para contactarnos mutuamente más adelante. Me contó que él había ido a Austria a buscar trabajo algún tiempo atrás y que el conocía lo duro que era ser inmigrante, por lo que siempre que veía un extranjero le ayudaba. Ya en una ocasión había invitado a unos franceses a dormir en su casa.


Pescadores recogen su red
Actividad junto al lago
Zafir y yo junto al lago


Zafir se notaba un hombre de bien. Cuando llegó la hora, me acompañó hasta la parada donde debía de esperar por un furgón que me llevaría hasta la capital albanesa, Tirana. Esperamos un par de minutos y frente a la puerta del furgón nos despedimos. Durante todo el camino no dejé de pensar en nuestro encuentro y en lo bien que me había tratado. Incluso llegué a sentirme miserable e insignificante por ser en muchas ocasiones poco desprendido con el dinero, pero él me enseñó su filosofía de amor hacia el prójimo. A fecha de hoy seguimos en contacto.





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