Zaragoza, una joya de la arquitectura mudéjar



En mi afán de ir conociendo más de España, este fantástico país donde vivo, me acerqué hasta Zaragoza para deleitarme con una arquitectura de la que pocos conocimientos tenía hasta el momento: la mudéjar.

Mudéjar se refiere a los musulmanes que permanecieron en territorios conquistados por los cristianos y bajo su poder político, durante el período de Reconquista de la península ibérica, que es cuando los cristianos reconquistaron territorios en poder de los musulmanes. La arquitectura mudéjar es entonces, aquella con influencias islámicas. Los musulmanes convivían en perfecta armonía con los cristianos, aportando sus conocimientos en la construcción así como en otros oficios. Dada su experiencia, eran grandes conocedores de diversas técnicas constructivas y maestros en la elaboración y utilización de ladrillo, valiéndose de los elementos de la naturaleza presentes en el Río Ebro. El ladrillo por ser un elemento barato, permitía realizar fuertes y grandes construcciones en cortos períodos de tiempo. 

Así pues, en Zaragoza tuve placer de encontrarme con el Palacio de la Aljafería, la Catedral del Salvador de Zaragoza (mejor conocida como la Seo) y la Iglesia San Pablo; las tres listadas por la UNESCO por ser claros ejemplos de la arquitectura mudéjar en Aragón.

En primer lugar visité el Palacio de la Aljafería por tenerlo casi en frente de la pensión donde me alojaba, con la fortuna de que la entrada y la visita guiada fueron gratuitas, con motivo de la conmemoración del XXXVII aniversario de la Constitución Española. Con solo formarme en fila, en menos de cinco minutos ya había pasado un control de acceso y acto seguido comenzaba el tour. Era como si lo hubiesen sincronizado con mi llegada.

El Palacio forma una especie de fortaleza, pues se encuentra dentro de una doble muralla. 


El interior es simplemente espectacular, lo que me hace preguntarme cómo sería en su pleno esplendor. Ver los diversos tipos de arcos, como los entrecruzados y los polilobulados, me hacen entender que la arquitectura puede ser tan funcional como decorativa..




Los techos son otra obra maestra. Varios de ellos se encuentran en un estado de conservación casi perfecto, evocando la grandeza con los símbolos de los reyes de Aragón.



Dentro del Palacio se encuentra la sede de las Cortes de Aragón. En la sala algunos de los presentes jugaban a ser diputados, haciéndose fotos en el hemiciclo. La visita en general fue muy amena. Tanto las explicaciones como la duración de la misma se podrían haber extendido de no haberse tratado de una jornada de puertas abiertas.


Luego me acerqué hasta la Seo o Catedral del Salvador de Zaragoza. Intenté entrar pero cobraban entrada, por lo que decidí esperar hasta la misa matinal del día siguiente para poder acceder gratuitamente. El interior es muy impresionante, pero de similar estilo que la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. No pude hacer fotos porque estaba muy vigilada durante la liturgia, además de que los vigilantes me miraron un poco raro cuando accedí, quizá porque me reconocieron del día anterior cuando había preguntado por el precio de la entrada y dudaban de los motivos de mi visita, pensando que eran simplemente turísticos. Aclaré que iba por la misa y me dejaron pasar.


Lo mejor es la pared lateral, donde el trabajo con ladrillo y la cerámica vitrada me dejaron la boca abierta.


Esta pared tan adornada contrasta con la fachada y la torre del reloj que son barrocas renacentistas. Parece estar viendo una iglesia romana por un lado y una madraza por el otro.


Tenía claro que no me permitirían pasearme por ahí a no ser que lo hiciera en el horario destinado para las visitas, por lo que una vez dentro opté por participar en la misa, observando el recinto hasta donde me alcanzaba la vista y marchándome 20 minutos más tarde porque no quería perderme una visita guiada en la Iglesia de San Pablo.

Apurando el paso llegué a la Iglesia de San Pablo. En una puerta lateral se encontraba el guía ya listo para comenzar con el recorrido. Entré a "la claustra" y aboné la colaboración solicitada, de 3€. De inmediato se inició el tour con solo 6 participantes,  mi novia y yo incluidos. Al poco, tocaron la puerta dos mujeres que venían retrasadas. 



Se le denomina "claustra" y no claustro, ya que era un espacio destinado a un uso un poco ambiguo, similar a un claustro pero sin serlo, razón por la que inventaron esta palabra para nombrarlo. Dentro de la claustra se podía apreciar muy bien el trabajo del ladrillo, los tipos de arcos e incluso como los alternaban de posición para darle más fortaleza a la construcción. Las columnas eran macizas de un metro de ancho. Igual la torre, la cual se alzaba desde el interior de este espacio.

Subimos a la torre a través de una escalera con forma de caracol, ubicada en medio de esta doble torre. En su interior se apreciaba aún mejor en detalle la forma de las bóvedas y arcos. Una de las visitantes subió aprisa con su marido, ya que decía ser claustrofóbica. ¡Mejor que no visite las ciudades subterráneas de Capadocia!

Una vez arriba, las vistas sobre Zaragoza valían la pena a pesar de la densa niebla.


Relacionada con el mudéjar merece la pena, sobre todo una vez se llega a conocer su significado, la estatua de un joven en actitud pensativa mirando hacia arriba.


La escultura está ubicada en la Plaza de San Felipe, fuera de una figura de cerámica de forma exagonal que se encuentra dibujada en el suelo, donde solía ubicarse una torre mudéjar. Desafortunadamente para el patrimonio de la ciudad, la misma fue derrumbada por orden del ayuntamiento, ya que para aquel entonces, quienes habitaban frente a la torre presionaron mucho para lograr su derribo, ya que la misma estaba inclinada y decían que un día se caería sobre sus cabezas. Del otro lado, se puede ver la torre representada en un mural, por lo que la escultura la mira.


Cabe destacar que la torre no corría un peligro real, pero tal fue la presión de los habitantes de la zona, quienes eran personas adineradas, que su destino acabó en desgracia. En Zaragoza es normal que algunas construcciones se inclinen por el tipo de terreno sobre el cual están construidas, como es el caso de la torre de la de Igleasia San Juan de los Panetes que está del lado norte de la Plaza del Pilar, a unos pocos metros de la Fuente de la Hispanidad. De hecho, la misma Basílica del Pilar está asentada sobre varias bases de concreto bajo tierra.



También de estilo mudéjar, no puedo dejar de hablar de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, aunque no esté listada por la UNESCO. Es la catedral más importante de Zaragoza y merece una visita sin lugar a dudas.




Es preciosa tanto en su exterior como en su interior. Por 3€ es posible subir en ascensor hasta lo alto de una de sus torres, brindándonos una linda panorámica de la ciudad, de la misma basílica y su colorido tejado, del Río Ebro, la Plaza del Pilar y el Puente de Piedra, entre otros.


No hay que perderse, si se viaja en diciembre, el mercado navideño en la Plaza del Pilar, con puestos de regalos, de comida, vino caliente y hasta una rampa artificial  para que los más pequeños simulen deslizarse sobre una colina nevada.




Quizá Zaragoza no ocupe las primeras posiciones entre los destinos más populares de España, pero es una ciudad que me llamó la atención visitar, tanto por la arquitectura mudéjar representada en varios de su monumentos arquitectónicos, como por mi interés particular por visitar todos los lugares declarados Patrimonio UNESCO.



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