Las líneas de Nazca


En el desierto de Nazca, entre las poblaciones de Palpa y Nazca en Perú, se encuentran unos enigmáticos geoglifos esparcidos por el árido terreno. Se pueden ver desde algunas colinas cercanas, desde los miradores situados a un lado de la carretera o desde el aire. ¡Acompáñame en esta a ocasión a conocer las líneas de Nazca, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1994, sobrevolándolas en una avioneta!

La primera referencia que se tiene de las líneas de Nazca, es gracias al conquistador español Pedro Cieza León en 1547, quien vió señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca, pero no comenzaron a estudiarse hasta el siglo XX por el arqueólogo peruano Toribio Mejía Xesspe, quien las divisó mientras hacía senderismo en la zona en 1927. Desde entonces muchas han sido las hipótetis tras el misterio de estas formaciones. Distintos investigadores han afirmado que se trata de caminos ceremoniales, centros de adoración, de un gigantesco calendario, de signos astronómicos, un punto clave para descifrar el misterio de la profecía de los mayas e incluso un escritor suizo escribió un libro al respecto, alegando que los geoglifos eran pistas de aterrizaje para las naves alienígenas.

Mucho queda por escribirse al respecto, y realmente todas las hipótetis muy difícilmente dejarán de ser solo conjeturas que permanecerán como incógnitas por los siglos de los siglos. Las líneas y formas se extienden en la región por más de 500 kilómetros cuadrados, pero lo más representativo y conocido son las figuras de mayor tamaño. Los dibujos se mantienen gracias a las condiciones climáticas de la zona, que por sus altas temperaturas durante todo el año, hacen que el viento rebote. Aunque si se han visto dañadas por la erosión y por otros factores como el Rally de Dakar 2013 o la construcción de la Panericana Sur en 1938 que cortó en dos la cola de la figura de un lagarto, entre otros eventos.




Transporte

Llegábamos de madrugada al pueblo de Nazca, luego de pasar otra noche más durmiendo en un autobús. Esto no solo nos permitía ahorrarnos la noche de hotel, sino ganar el tiempo que de otro modo perderíamos viajando durante el día. La estación de autobuses de Nazca no es más que una calle donde paran, en la Carretera Panamerica Sur, a su paso por el pueblo. Aquí no hay un terminal en si. Cada compañía para frente a su propio local, donde se venden boletos con destino a otras ciudades. Algunas empresas de autobuses tienen un local más grande con estacionamiento propio para su flota.

Nosotros veníamos de Arequipa, desde donde pagamos 65 soles cada uno en un bus semi-cama y seguidamente seguiríamos hasta Lima. Teníamos ganas de parar en Huacachina, un oasis a 5 kilómetros de Ica (de camino a Lima), pero no tendríamos tiempo suficiente.

El aeródromo desde donde parten los sobrevuelos está a escasos 4 kilómetros exactos de donde paran los autobuses. Se puede ir a pie o por unos pocos soles en taxi.





Elegir compañia para sobrevolar Nazca

Literalmente, nada más bajarnos del autobús, nos recibió una mujer de AeroParacas ofertando los tours en avioneta con la compañía que ella representaba. Me extrañó que era la única persona haciendo labores promocionales pues habían más empresas dedicadas a sobrevolar las líneas y geoglifos de Nazca y Pampas de Jumana. Claro, hay que pensar también que eran las 4 y pico de la mañana.

Previo al viaje, ya había negociado con Aeronasca el sobrevuelo por 120 dólares americanos para dos personas; quienes originalmente me solicitaban 70 dólares por persona.  Entre todas las empresas que investigué, esta ofrecía el mejor precio. La tarifa incluía recogernos en la estación de autobuses para trasladarnos hasta el Aeropuerto Maria Reiche Neuman (el aeródromo), el certificado de haber sobrevolado las líneas y  35 minutos de sobrevuelo, a unos 210 metros de altura, para ver las 12 figuras más representativas: la ballena, los trapecios, el astronauta, el mono, el perro, el colibrí, el cóndor, la araña, el alcatraz, el loro, el árbol y las manos.

Recorrido seguido por la avioneta para el avistamiento de las 12 figuras

No obstante, estaba oscuro, no había nada abierto y como la señora se ofreció a llevarnos hasta sus oficinas, decidí darle una oportunidad para satisfacer mi curiosidad y poder usar el baño. Llegamos a una gran caserón a pocas calles y allí se hizo cargo un hombre, quien comenzó a tratar de cerrar la venta, no sin antes pedirle usar el baño para cepillarnos los dientes, lavarnos la cara... Incluso nos ofreció usar la ducha, pero no estando del todo convencido de poder vendernos el paquete, se rehusó, esperando primero la aceptación al ofrecimiento de sus servicios. Nos pedía un precio mucho más alto y como yo no tenía nada que perder, me cerré al máximo diciendo que no podía pagar más de 110 dólares, esperando al menos ahorrarme otros 10 dólares. De esta guisa, pretendió en varias oportunidades conversar con "su jefe" por teléfono, siempre en el porche de la casa, mientras nosotros esperábamos dentro. Nos bajó el precio una y otra vez ante nuestra negativa a pagar más. Justo cuando parecía que no daba más, lo volvía a bajar para mantener vivo el regateo. Incluso al marcharnos salió a la calle para bajarnos el precio una vez más, pero aún así seguía siendo caro y ante su enfado volvimos a la "estación".



¡A ver las líneas vamos!

Habíamos acordado que el conductor nos recogería a las 8am para ir hasta el aeródromo. Pero era muy temprano y no queríamos perder tiempo, de modo que conseguimos un teléfono prestado para llamar a Anibal (el chofer) y pedirle recogernos más temprano. Así lo hicimos, parando antes de llegar al aeródromo, para recoger a un asiático y una pareja de amigos alemanes.

Rápidamente llegamos al aeropuerto. En el mostrador de Aeronasca nos pidieron dejar nuestras pequeñas mochilas y nos pesaron uno a uno en una balanza para decidir como distribuir el peso dentro de la avioneta. Así pues, quedaríamos sentados de la siguiente manera: de último iba el asiático solo, en la hilera siguiente Daniela y yo, delante la pareja de amigos alemanes y en los controles el comandante y el capitán. En el caso de Aeronasca cobran un suplemento a quien supere los 90 kilos de peso y los vuelos están sujetos a las condiciones climáticas.

En la sala de espera se proyectaba un documental en inglés que hablaba sobre las líneas, el cual no tuvimos tiempo de ver. Pronto nos hicieron pagar una tasa de 25 soles por persona, que es la tasa por el uso del aeropuerto. Intenté evitarla, pero más adelante la solicitaban para entrar a una sala de espera desde donde podíamos ver las avionetas. A parte de nosotros había otro grupo de turistas que volaba con otra aerolínea y los siguientes éramos nosotros. Al pasar a una segunda sala de espera, casi a pie de pista, nos pidieron mostrar el pago de la tasa y el pasaporte. Aquí aproveché para pedir que me estamparan un sello en el pasaporte y nos entregaban nuestro certificado de vuelo antes de despegar.

Sala de espera del aeródromo, rodeada de mostradores de diferentes compañías
Avioneta en la pista del aeródromo
Certificado por haber sobrevolado las enigmáticas líneas de Nazca


Seguramente nos habremos persignado todos, aunque ni lo recuerdo, ni lo noté si hace fuese. En ningún momento me sentí nervioso. Nos recomendaron mirar únicamente por nuestro lado de la ventanilla, sin mirar del otro lado, pues este va y ven, sumando a los movimientos de la avioneta, hace que uno "bote las tripas", o sea, que te sientas mal y vomites... También habíamos escuchado que en el pasado se habían caído algunas avionetas con fatalidades. A causa de ello, habían cambiado las regulaciones, implementado más controles y una de las normas era que hubiesen dos pilotos por aeronave, pues en una ocasión, una se precipitó a tierra a causa de que el piloto sufriera un ataque cardíaco.




Consejos NAZCA de Viajando con Mirko

En el aeropuerto, que es en realidad un aeródromo, hay varios mostradores, cada uno corresponde a una compañía. Este aeropuerto recibe un bajo número de vuelos chárter procedentes de otros aeropuertos nacionales y es mayormente utilizado para el turismo de las líneas de Nazca, de modo que el área de los mostradores es pequeñísima y no hay ninguna pérdida. Hay unos vuelos más extensos, de 60 minutos, que comprenden las Pampas de Jumana, pero me parecieron muy caros y para mi con 35 minutos bastaba.

Hay entonces tres opciones para buscar el sobrevuelo que mejor se ajusta a las necesidades y bolsillo de cada quien:
1) Ir personalmente hasta el aeródromo y detenerse en cada mostrador para consultar las tarifas que se ofrecen. Tal vez se pueda regatear, lo desconozco. No se garantiza que hayan plazas y seguramente haya que esperar, aunque si tienen alguna puesto vacío y quieren ocuparlo, las probabilidades son altas de que ofrezcan un precio más bajo.
2) Consultar previamente por internet y reservar alguna opción antes de viajar. No recomiendo pagar reserva por anticipado.
3) Llegar directamente a Nazca, donde seguramente alguien te aborde, informándote de alguna opción. Intentar negociar el precio.
4) La opción Viajando con Mirko: al buscar opciones por internet, varias aerolíneas me pidieron un pago adelantado. Esta opción no la encontré fiable, además de que como íbamos viajando con un plan, pero no siempre lo podíamos seguir, no quería arriesgarme a perder mi dinero si por algún motivo no me presentaba en la fecha y hora reservados.  Es por ello que me busqué una empresa que me permitió reservar sin pedirme más que nuestros datos personales, lo cual me daría margen para una vez en Nazca explorar otras opciones y de no encontrar nada más barato, ya tener una opción segura. Recomiendo hacer el sobrevuelo temprano por la mañana, ya que con el sol directo, algunas figuras son más difíciles de observar.




Arranca el motor

¡Ahora si! Por fin nos subíamos a la mini avioneta y nos tomábamos algunas fotos mientras se calentaba el motor. Nos poníamos los auriculares que nos permitirían escuchar las instrucciones y comentarios del copiloto y despegábamos. Al principio el vuelo es en linea recta, aunque no tarda en comenzar a inclinarse de un lado a otro para que los pasajeros puedan ver los geoglifos, cada uno de su lado de la ventanilla. ¡En ocasiones la avioneta giraba casi 90º! El copiloto iba señalando y avisando las diversas figuras que sobre volaríamos. Cada cierto tiempo se volteaba haciéndonos señas con el pulgar arriba para que le respondiéramos del mismo modo en señal de que todo estaba O.K.

Instantes antes de despegar. El "asomado" detrás nuestro posó para la foto sin percatarnos
Vista desde el lateral de mi ventanilla, segundos luego de despegar
Así se disfruta del vuelo, observando bien para no perderse detalle

El desierto se perdía de vista y al cabo de poco comenzábamos a divisar las figuras una a una. Algunas eran muy grandes, pero otras costaba un poco ubicarlas. Yo no podía contener la curiosidad y miraba primero de un lado y luego del otro, para ver la misma figura dos veces. No hice caso de las indicaciones y acabé sintiéndome mal. Viajar en avioneta no se parece en nada a estar en un avión. Aquí no había aire acondicionado y los pilotos llevaban entreabiertas unas ventanillas por donde corría algo de aire. Todo el tiempo se escuchaba el ronroneo del motor y la velocidad casi da sueño, exceptuando cuando hace algún giro brusco que casi produce un infarto.

Ala de la avioneta al hacer un giro a la izquierda para divisar un geoglifo


Algunos de los geoglifos se ubicaban sobre la planicie del desierto, otros como la figura del astronauta en una colina. Realmente era muy espectacular estar contemplando esto desde el aire. Sin embargo, en la Panamericana pudimos observar unas torres de madera que funcionan como miradores. Es una opción para ver los geoglifos de gratis, aunque desde esa perspectiva no se diferencia bien las formas. Luego las pasaríamos de largo en nuestro autobús camino a Lima...

El astronauta de 32 metros, la tercera figura que veíamos
El colibrí, fácil de distinguir por 96 metros de longitud
La araña que se ve así de grande gracias al zoom de mi cámara
Recta de la Panamericana Sur y el desierto a ambos lados


Ya de regreso nos tomábamos la foto de rigor con el capitán antes de abandonar la pista y el aeródromo. Afuera nos esperaba Anibal para regresarnos hasta a la "estación", aunque pararíamos un rato en un hostal de los mismos dueños para que se me pasara el mareo y las náuseas.

Contentos después de volar, con el certificado en mano



Acto seguido pagábamos el importe estipulado y buscábamos un autobús para partir pronto a Lima, a donde llegaríamos ya entrada la noche... habíamos reservado por internet en el hostal más barato que pudimos conseguir en El Callo, a pocos pasos del aeropuerto de Lima, desde donde volaríamos temprano la mañana siguiente con destino a Iquitos. Sin saberlo, resulta ser que El Callao es considerada una de las ciudades más peligrosas del Perú por su alto índice de criminalidad. ¿Sobreviviremos la noche en Mundo Albergue Aeropuerto? Lee el próximo episodio para saberlo.



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