febrero 23, 2017

El Lago Titicaca y las islas flotantes de los Uros


Con una extensión de 8.562 kilómetros cuadrados y a 3.810 m.s.n.m, es el lago navegable a mayor altura del mundo y un destino obligado para cualquier viajero en su paso por Perú o Bolivia, países que se reparten su territorio. En esta oportunidad, desde Puno navegamos por sus aguas para conocer las islas flotantes de los Uros, a tan solo 4 kilómetros del puerto. ¡Kamisaraki Lago Titicaca, lago hermoso!


Después del desayuno bien pobre que nos dieron en nuestro alojamiento Paititi Hostel Puno, nos dirigimos a pie hasta el puerto ubicado en la Bahía de Puno, para informarnos sobre las opciones de navegar por el lago y llegar hasta las islas flotantes de los Uros, las cuales están fabricadas de totora. 

La totora es una planta herbácea acuática la cual, agrupada en capas, aporta a estas islas artificiales la resistencia necesaria para mantenerlas a flote. Con la totora los Uros no solo fabrican las islas, sino también sus casas y embarcaciones llamadas "caballitos de totora".


Detalle de la totora




Llegar hasta las islas


Una vez en el puerto, no tardamos en ser abordados por varias personas que ofrecían tours por las islas; información que aceptábamos, pero no sin antes constatar los precios en el mismo puerto. Teníamos la opción de visitar la Isla Tequile y la Isla Amantaní, pero para ambas se precisaba de varias horas de excursión, una de ellas pasando incluso la noche y no disponíamos de tanto tiempo.

Al final nos decidimos por pagar una embarcación que nos llevase hasta las Islas de los Uros y de regreso a Puno. Por el viaje ida y vuelta pagamos 10 soles por persona, más 2,50 soles por persona en concepto de entrada a las islas (menos de 4€ cada uno). El precio normal de ingreso era de 5 soles, pero cansado de ver como por ser extranjero siempre pretendían cobrar una tarifa más alta, hablé con el vendedor de la taquilla y lo convencí de pagar la entrada como un local.


El pasaje de ida y vuelta, junto con la entrada a la isla de los Uros



Lo malo era que todos los turistas preferían los tours más largos y con reservación. Nuestra embarcación no partiría hasta que fuésemos al menos una decena de personas. De este modo veíamos llegar grupos y más grupos de turistas, quienes con solo pisar el puerto ya tenían una embarcación esperándoles y salían sin ningún esfuerzo antes que nosotros. Yo comenzaba a desesperarme de haber  llegado tan temprano para nada. Tanto fue el tiempo que esperamos que tuvimos tiempo de caminar por el muelle, reforzar el desayuno, abastecernos con agua y comprar unos caramelos de coca que sabían terriblemente mal.

La vista desde el puerto, sobre todo desde el muelle es fantástica, con cientos de aves que habitan el lago y se posan sobre él, además del conjunto que conforman las construcciones de la ciudad repartidas a lo largo del valle con las montañas al fondo.


El muelle de Puno
Puno visto desde el muelle
El balserito, una de las 150 especies de aves que habitan el lago




¡Ahora sí partimos!


Me cansé de preguntar por la hora de salida, a lo que siempre me contestaban que cuando estuviésemos completos. No solo tuvimos que esperar por la supuesta "hora de partida" sino que después de llegada esa hora, esperamos otra hora más, hasta que al fin comenzamos a navegar. Al principio teníamos que ir sentados con el resto de pasajeros en la primera cubierta o primer piso del bote, pero cuando salimos de la bahía y de la vista de la policía, nos permitieron subir a la segunda cubierta para tener mejores vistas.


Maravillado con el entorno observo el horizonte
Mapa del Lago Titicaca incluyendo las poblaciones que a sus orillas se asientan



El trayecto hasta las islas fue corto, de unos 15 minutos. Después de salir de la bahía pasamos por un canal en medio de juncos que parecía un pasadizo hasta las islas. Durante el trayecto de ida como el de vuelta pudimos ver mucha fauna propia de la región, aves sobretodo. Y cuando menos lo esperamos, ya habíamos llegado... El pasadizo por donde pasamos se abrió en forma de "T" y allí estaban las islas, unas 80 en total, una al lado de la otra, casi dando la impresión de ser una sola por la poca distancia que las separa.


Un barco pasando entre los juncos que llevan a las islas. Puno al fondo.
Nos saludaron para darnos la bienvenida mientras pasábamos con nuestro barco
Trayecto desde Puno hasta las islas




La experiencia


El barco se dirigió hacia la izquierda y allí paramos en una isla. Cuando pensaba en las Islas de los Uros, me las imaginaba como un lugar más auténtico, pero esta idea preconcebida pronto cambió. Nos recibió una mujer aimará que tomó un extremo del cabo para "anclarnos" a la isla y poder descender. Lo primero que me sorprendió fue ver paneles solares en la isla, los cuales según me aclaró una aimará de la isla, los puso el ex-presidente Alberto Fujimori.


La isla dotada de paneles solares



Caminar encima de la totora es como caminar sobre un nube. Tras pisar "totora firme" nos sentamos sobre un largo banco con forma de media luna, hecho de totora. Una mujer, también aimará, comenzó a explicar como fabrican las islas. Nos dijo que hay dos tipos de casas; la antigua y la más nueva donde viven los jóvenes, a la que llama uta. La explicación me pareció bastante apresurada y pronto pasó a mostrarnos las artesanías disponibles para la venta; entre ellas telas con vivos colores, caballitos de totora en miniatura, móviles colgantes, cerámicas, etcétera.






Dispusimos de un breve momento para caminar por un trozo bastante reducido de la isla. Su extensión era mayor, pero habían unas cuerdas atadas a los postes de los paneles solares que delimitaban el acceso. Esto me hizo pensar en que los uros podrían vivir en esa parte cerrada al público.

Nos asomamos en algunas de las pequeñas casas de totora, las cuales por su contenido me dieron la impresión de que estaban bien ordenadas para mostrarlas al turismo. Tal vez me equivoque, pero aunque en una uta tenían un colchón de totora y en otra una cesta con patatas y utensilios de cocina, me pareció estar frente a un "set de rodaje" donde todo estaba "montado".


Interior de una uta (casa en aimará)



A todas estas, la embarcación que nos trajo hasta las islas se había movido a la isla de en frente y nos invitaron a subir en uno de sus barcos que parecía una especie de catamarán; con dos caballitos de totora que sostenían una plataforma que se posaba sobre estos dos. Unas escaleras de madera llevaban a una segunda plataforma donde nos sentamos Daniela y yo. 

Desde el caballito de totora vimos a tres mujeres aimarás, quienes desde la orilla de la isla comenzaron a entonar una canción a la vez que daban palmadas. Luego cantaron en inglés y también en alemán, desvanienciendo mis últimas esperanzas de experimentar una situación auténtica de su modo de vida. Una de las canciones decía "... Lago Titicaca, lago hermoooooso..."

Nuestro caballito de totora no lo movieron a remo, sino que un pequeño barco con un motorcito fuera de borda se nos situó por detrás y nos empujó hasta la isla de enfrente.


Una embarcación como esta nos cruzó a la otra isla
... Y así fue empujado nuestro caballito de totora, sin la ayuda de remos



La mujer aimará que nos dió la introducción en su isla pretendía ahora cobrarnos 10 soles a cada uno por el cruce de una isla a otra. Nosotros junto con una pareja de alemanes, eramos los únicos extranjeros, y juntos nos negamos a pagar por no haber sido lo pactado al comprar nuestro billete de ida y vuelta desde Puno. La mujer se molestó y la situación se tornó un poco tensa, pero no tuvo alternativa más que aceptar nuestra negativa. 

Nos depositaron entonces en la Isla Hanan Pacha, cuyo nombre hace alusión, según la mitología inca, al lugar celestial donde se encontraban los dioses, representado por un cóndor. En esta isla dos cóndores de totora dan la bienvenida. Había además un alojamiento, un restaurante, una tienda de artesanías, una torre que hacía las veces de mirador y lo que se clamaba como la única oficina postal flotante del mundo, donde además estampan el pasaporte tras desembolsillar unos soles. 



La Isla Hanan Pacha
Daniela en la entrada de Hanan Pacha con los dos cóndores que la custodian



Me sentía metido en una trampa para turistas. Ni siquiera podía caminar hacia ningún lado porque al igual que en la otra isla, unas cuerdas delimitaban la propiedad. No dudo que los aimarás hayan habitado estas islas algún día, pero llegué a pensar que en la actualidad solo las usan con fines turísticos durante el día, marchándose a sus casas por la tarde. La ingeniedad de la técnica constructiva es sin embargo indudable, sobre todo a la hora de la decoración.


Detallazo en la decoración de los caballitos de totora



Antes de marcharnos recriminé al capitán de nuestra embarcación por la duración del paseo, la cual fue menor a la contratada, además de manifestarle mi descontento por habernos llevado a un lugar turístico y no a ver algo más auténtico. Durante el camino de vuelta conversamos con los turistas alemanes quienes al igual que nosotros, esperaban más autencidad por parte de la isla y de sus habitantes. Cerca de la hora del mediodía estábamos de vuelta en Puno y listo para recorrerla durante el resto de la tarde.



Puno toca en la siguiente entrada... ¡No te la pierdas!



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