febrero 20, 2017

El Salar de Uyuni

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Con las mayores reservas de litio del mundo y con una superficie de 10.582 kilómetros cuadrados; superando en extensión a países como Chipre o Líbano, es el mayor desierto de sal del mundo y una maravilla de naturaleza. ¡Acopáñame a visitar el Salar de Uyuni!


Cuando por fin llegó la hora, partimos en un todoterreno rumbo al Cementerio de Trenes de Uyuni, para seguidamente continuar hacia el Salar de Uyuni. Sinceramente, no tenía expectativas a corto plazo de visitar este lugar, pero cuando decidí viajar a Bolivia, y al ver que no se encontraba tan lejos de otros sitios que pensaba visitar; no pude evitar la tentación de incluirlo en el recorrido.

Hicimos el tour de 3 días con la compañia Expediciones Lípez, pero sin saberlo. Como ya narré en mi entrada anterior, contratamos el tour con Expediciones Sumaj Jallpha, pero fuimos vendidos a otra compañía. De esto nos daríamos cuenta más tarde gracias a un pequeño rótulo de nuestro vehículo.


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Vista satelital del Salar de Uyuni


Si te interesa saber como reservé el tour y lo que vi en la ciudad de Uyuni, no te pierdas las entradas Tours por el Salar de Uyuni y Uyuni, la entrada al mayor desierto de sal de mundo.




El Cementerio de Trenes de Uyuni


A unos 2 kilómetros del centro de Uyuni, el Cementerio de Trenes es la primera parada. Aunque no forma parte del salar, decidí incluirlo en esta entrada por ser parte del recorrido de este primer día en el salar.

El cementerio, que de seguro despierta más interés por su estado actual que si se encontrase convertido en museo; alberga varias locomotoras y vagones del siglo XIX que eran llevados a Uyuni para reparación. Con el tiempo, se fueron dejando al olvido tras la llegada de los trenes de diesel, que convirtieron en obsoletos a los ferrocarriles de vapor. Se abandonaron, murieron y así nació lo que hoy se conoce como el Cementerio de Trenes que yace a la intemperie y a la merced de las inclemencias del clima y del ser humano, que se ha encargado de hacer grafitis y de ir robando partes para venderlas como chatarra. Hoy es una atracción turística por su singularidad.

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Vagones, locomotoras y turistas trepadores
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Los trenes oxidados y grafiteados en medio del desierto




Colchani


La siguiente parada antes de adentrarnos en el salar fue Colchani, a 20 kilómetros de Uyuni. En este pueblo donde se procesa la sal, se venden artesanías y donde hay un museo de sal, con esculturas de llamas. Es un pueblo carente de infraestructura, por lo que los únicos dos alojamientos no disponen de buenas condiciones sanitarias.

En el museo había un cartel que enunciaba entrada gratuita. Entramos y nos explicaron un poco sobre el proceso productivo de la quinoa o quinua como la llaman allá, siendo Bolivia y Perú los principales productores. La quinoa crece en los andes mayormente a altitudes superiores a los 2500 msnm, aunque en Chile crece a nivel del mar en la zona centro sur. Más adelante es nuestro tour tendríamos la oportunidad de ver los cultivos de sus tres variedades: roja, negra y blanca.

La visita en Colchani fue breve, lo suficiente como para caminar un poco para ver los montones de sal y paneles de sal secándose al sol, los cuales los utilizan en la construcción.

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El pueblo de Colchani, con el museo y sus tiendas
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Artesanías en Colchani
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La sal secándose al sol
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Escultura de una llama en el museo de sal





¡Ahora si! El Salar de Uyuni


Salimos de Colchani y sin darnos cuenta ya estábamos entrando al salar más grande del mundo. Para entrar, nuestro chofer-guía tuvo que presentar un permiso a las autoridades que custodian el acceso. Dejamos atrás a los primeros trabajadores que estaban amontonando la sal en montículos y pronto estábamos rodeados de una inmensidad blanca.


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Montículos de sal en pleno salar



Del Salar de Uyuni se dice que contiene 10.000 millones de toneladas de sal, de las cuales 25.000 toneladas son extraídas cada año. Según esas estimaciones, podrá ser explotado por 400.000 años. El área que hoy ocupa estaba cubierta hace miles de años por lagos que se secaron, dejando solo sal tras la evaporación de sus aguas.

Nosotros viajamos a finales de marzo, cuando acababa de finalizar la temporada de lluvias y no corrimos con la suerte de ver el tan ansiado espejo de agua, que se forma por el agua que se estanca en el salar reflejando todo a su alrededor. Pudimos ver algunos charcos, aunque no suficientemente grandes como para reflejar  toda la espectacularidad del paisaje.

Por este motivo se dice que de enero a marzo es la mejor temporada para visitar el salar, aunque no se hasta que punto sea cierto porque tengo entendido que las lluvias pueden dificultar mucho la movilidad. Incluso han habido casos de turistas desaparecidos que se aventuran al salar sin un guía.

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Agua de las últimas lluvias en el Salar de Uyuni



La pareja de británicos que viajaba con nosotros había comprado un par de dinosaurios de juguete, por lo cual nos aprovechamos para tomar la foto de rigor, en la que uno se sitúa a lo lejos de un objeto que se coloca en primer plano, aparentando estar muy cerca de este. Hay fotos muy creativas pero no son fáciles de lograr y nuestro guía no sabía manipular la cámara como para hacer los ajustes necesarios, colocarla a la altura correcta o enfocar bien.


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Daniela y yo pretendiendo estar a punto de ser devorados por una pareja de dinosaurios
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El detrás de cámara de una foto en el salar



Después de contemplar esta inmensidad por unos minutos, continuamos por el salar rumbo al monumento Dakar donde nuestro chofer-guía nos dejó. Él continuó hasta el lugar donde comeríamos, que se halla detrás del monumento que está hecho de sal, a unos 300 metros aproximadamente. Ahí nos esperó con la comida lista para almorzar, dentro de una construcción de sal con mesas de sal, donde cada grupo comía lo preparado por su guía, incluido en el precio del tour. Dentro hay baños de pago y justo antes de los baños una tienda de recuerdos.


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Yo en el monumento Dakar
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El lugar donde todos los tours paran para almorzar, rodeado de vehículos 4x4
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¡Hora de la comida!



Afuera del lugar donde hicimos el picnic vimos unas bicicletas aparcadas, aunque en el salar no llegamos a ver a nadie montándolas. Al finalizar la comida salimos justo al lado del "restaurante", donde se halla el monumento a las banderas, movidas sin pausa por el ímpetu del viento. Aprovechamos para hacer más fotografías y continuamos en nuestro todoterreno hasta la Isla Incahuasi, la cual suele ser erróneamente llamada como su vecina, la Isla del Pescado. En el camino nos detuvimos en una ocasión para hacer más fotografías.


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Yo justo al monumento a las banderas
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Nuestro vehículo en movimiento, hacia la Isla de Incahuasi
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Sal, sal y más sal en todas las direcciones




Incahuasi, que significa en quechua "la casa del Inca",  es una isla deshabitada en el centro del salar y a unos 100 kilómetros de la ciudad de Uyuni, conteniendo una gran cantidad de cactus que superan los 10 metros de altura. Es uno de los principales reclamos turísticos del salar y la entrada es de pago para transitar por el sendero bien señalizado, desde donde se obtienen unas bonitas vistas del salar.

Nos evitamos el pago de la entrada al pasarnos la taquilla adrede, que se encuentra a la derecha del acceso a la isla, continuando directamente por el sendero que está del lado izquierdo. El viento soplaba muy fuerte, pero es innegable que es un lugar muy pintoresco por el contraste de su aridez con la blancura del salar. Vista desde el salar, la isla es como un oasis en medio de la nada. Debe ser increíble verla en plena temporada de lluvias rodeada de agua. He de admitir que al principio la isla no me llamó mucho la atención, pero una vez comenzamos a subir cambié de opinión.


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Entrada a la Isla Incahuasi. Todos los 4x4 estacionan en frente
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Rodeado de cactus
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Sendero por la isla y sus cactus gigantes
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Vista desde el punto más alto de la isla



En la isla vimos también formaciones naturales de arco de coral y unos pasadizos como cuevas. Siguiendo el sendero marcado le dimos la vuelta a la isla, saliendo por el lado opuesto, es decir, a pocos metros de la taquilla. Temíamos que alguien nos reclamaría mostrar nuestro billete, pero por fortuna eso no sucedió.


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Arco de coral en la Isla Incahuasi



Volvimos a nuestro vehículo y desde la Isla de Incahuasi transitamos unos 20 kilómetros por ese mar de sal, hasta que casi a la hora del atardecer, nos detuvimos al borde del salar para esperar por la puesta del sol. Allí nos encontramos con algunos charcos de agua que hacían el tan anhelado efecto espejo y pasamos un rato haciendo fotografías.


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El efecto espejo de agua en el salar



Cuando el sol se ocultó detrás de las montañas proseguimos bordeando el salar hasta nuestro alojamiento, no lejos de allí, en Atulcha, donde dimos por concluida nuestra etapa por el gran Salar de Uyuni.

Nuestro "hotel" se trataba de una casa de una planta, a lo largo de la cual estaban distribuidas las habitaciones, los baños, la cocina y un comedor comunal. A nosotros nos asignaron una habitación con dos camas individuales al final de un pasillo. Era baño era compartido por todos los huéspedes y había que desembolsar una pequeña suma por usar las duchas.


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Atadecer en el Salar de Uyuni

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Nuestra habitación en el hotel de sal donde nos alojamos


Al poco rato de dejar nuestras cosas, la cena estaba servida y nos sentamos a comer en la misma mesa junto con los dos ingleses y los dos indios con quienes compartíamos el tour. Acabada la comida, nos bañamos y nos acostamos a dormir escuchando los silvidos del fuerte viento, que parecía iba a arrancar el techo.


La mañana siguiente nos esperaba un largo día con paisajes completamente diferentes a los de la primera jornada. No te pierdas mi próxima entrada en la que te llevo a lugares fascinantes en un recorrido por volcanes, desiertos y por un parque nacional con lagunas de colores.



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