Medina de Essaouira (antigua Mogador)


En la costa occidental atlántica de Marruecos existe una ciudad portuaria en la que en 1506 los portugueses construyeron un puerto y fortalezas. Mogador, como se le conoce en portugués, es una ciudad cuyos principios de arquitectura militar europea de finales del sigo XVIII le ha conferido a su medina o centro histórico, el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO conferido por la UNESCO en el año 2001. ¡Bienvenidos a Essaouira, antigua Mogador!

He de confesar que el viaje hasta Essaouira se me hizo un poco largo. Ese mismo día habíamos volado desde Barcelona hasta la ciudad de Casablanca en Marruecos. Yo tenía muy claro que no me quería perder de visitar esta ciudad costera, así que no quedó más opción que ir desde Casablanca hasta Marrakech en tren, donde empatamos con un autobús hasta Essaouira. Más adelante de todos modos tendríamos que volver a Marrakech que suele ser punto de partida hacia cualquier destino en Marruecos. Para nosotros lo sería para iniciar nuestro viaje al sur, Camino al desierto del Sahara.


Ruta de Barcelona a Essaouira




Primer contacto con Marruecos


Después de estar viajando durante todo el día al fin a las 17:45 h. llegamos a Essaouira, también conocida como Mogador, su nombre en portugués. Al bajar de bus fui abordado por varios hombres que se buscaban la vida, quienes se ofrecen a llevar el equipaje de los pasajeros en unas carretillas cargadas por ellos mismos. 

Los marroquíes son verdaderos adivinos a la hora de conocer tu nacionalidad o lugar de origen, y si tienen dudas te preguntan directamente: "Where are you from?" o también usan el muy popular "Where are you going?" para iniciar su táctica de negociación.

Rápidamente descubrí que la mejor manera de sacárselos de encima es siendo amable, sonriendo y devolviéndoles el saludo sin ignorarlos. Pasar de lago es peor porque hace que insistan, uno se molesta y la conversación pierde cordialidad. Hay que hacerles saber que ya sabes como ir a donde quieres ir o que no estás perdido. De lo contrario te marearán con miles ofrecimientos a cambio de una propina; entre ellos los más comunes son ofrecerse como guías, ofrecerte alojamiento o ayudarte a buscar el que ya tengas reservado, que visites su tienda o restaurante... 

Marruecos es un país pobre donde sus habitantes buscan la manera de subsistir y reconocer a un occidental del resto es muy obvio. Luego de desembarazarnos de todo ese gentío emprendimos rumbo al riad que habíamos reservado.  Nuestro riad estaba dentro de la medina y como en cualquier medina es fácil perderse y no encontrar una dirección aunque se transite varias veces por las mismas calles, dado lo confusas y laberínticas que son.


El muro que separa el exterior del interior de la medina




Llegando al riad


Un riad, es un alojamiento formado por un patio interior, alrededor del cual se distribuyen las habitaciones y zonas comunes. Es curioso que vistos desde afuera no dicen absolutamente nada de su interior. Suelen tener una puerta de acceso y ninguna ventana al exterior. Todas las ventanas de las estancias dan al patio interior y no suelen tener más de dos o tres plantas y unas pocas habitaciones. Muchos riads incluso pueden tener una pequeña piscina en el medio del patio y son por lo general una opción de alojamiento económica. 

Los desayunos suelen consistir de mantequilla, miel, mermelada, zumo de naranja, té, pan y beghrir que es como se llama al crêpe tradicional.

Hay que ser muy paciente cuando se llega a un riad porque casi nunca abren la puerta enseguida. En normal pensar que no hay nadie y darse media vuelta, cuando de repente se aparece alguien con toda calma.  


Patio interior de nuestro riad en Essaouira


Nos hospedamos en el Riad Darko, por el cual pagamos 22€ (tasa turística incluida) por una habitación privada para dos personas, con desayuno incluido, lavamanos y ducha privada, pero con los inodoros compartidos.




La medina


Medina, ciudad en árabe, es como suele llamarse el barrio antiguo o el centro histórico. Es donde se agrupan por lo general los zocos o mercados, mezquitas, madrazas y calles comerciales más importantes. 

Estaba muy emocionado el día que llegué a Essaouira por cuanto era la primera vez en mi vida que visitaba una medina. La vida dentro de las medinas es muy activa y vivaz. Se oyen voces de todas partes; de los vendedores ofertando sus productos en las puertas de sus negocios, de los que cargan con mercancía y buscan abrirse paso entre la multitud, de los cinco rezos al día como mínimo, provenientes de las mezquitas... Visitar una medina es toda una experiencia para los cinco sentidos. 


Visitando una medina por primera vez
La medina de Essaouira de noche


Todo lo que veía me llamaba la atención. En especial el atuendo que vestían la mayoría de los hombres, llamado djellaba o chilaba en españolEl djellaba es una túnica tradicional bereber, holgada y con capucha. Las mujeres también lo usan, pero son más ajustados, con bordados y la capucha se sustituye por un pañuelo.

Algunas mujeres, no todas, usan el burka que les cubre absolutamente todo el cuerpo de pies a cabeza, dejando ver solamente los ojos a través de una ranura. Durante mi visita a Marruecos observé con atención el comportamiento de quienes llevaban burka, dándome cuenta que no se destapaban la cara mi para fotografiarse con sus familias. Para comer se levantan el velo hasta la nariz por un instante, se llevan la comida a la boca y lo vuelven a bajar mientras mastican.


Un hombre ataviado con un djellaba camina por la medina de Essaouira
Una mujer con el burka pasa al lado de Daniela


Cuando llegamos al riad comenzaba la puesta del sol. Dejamos nuestras mochilas y salimos a caminar por la medina. La medina de Essaouira es pequeña y se recorre rápido, pero incluso después de haberla transitado en varias ocasiones es normal confundirse por la similitud de las calles y porque muchas no conducen a ninguna parte.

La mañana del día siguiente me levanté muy temprano y salí a recorrer la medina sin gente. Me parecía estar en otra ciudad tan solo de ver las calles tan vacías, sin vendedores y con todos los puestos cerrados, a excepción de un par de ellos donde algunos locales desayunaban.

La medina, desierta a primera hora de la mañana


Como no encontré nada que hacer me dirigí hacía el puerto de Essaouira, donde cada mañana se instalan los pescadores a vender el pescado fresco del día. Los marroquíes son por lo general personas muy afables. En cuestión de un par de minutos ya me habían abordado dos hombres, quienes tras decirle que venía de Barcelona, no paraban de dar elogios al FC Barcelona y de nombrar a Messi. 

En el puerto me sentía muy a gusto caminando entre redes, viendo a los locales desenvolverse y a los pescadores desembarcando las sardinas y demás capturas, mientras cientos de gaviotas no paraban de revolotear. El puerto es un lugar muy fotogénico, sobretodo gracias a las docenas de barcos de color azul todas amontonados. Mientras caminaba por ahí no dejaba de pensar lo mucho que me gustaba Essaouira y lo feliz que me sentía de estar viajando una vez más.


El puerto de Essaouira
Descargando el pesacado en el puerto


Pasé un rato más paseándome por ahí, hasta emprender regreso al hostal donde me esperaba Daniela que se había quedado descansando. Desayunamos y salimos.

Ya esa hora todos los vendedores estaban más que instalados y la medina había vuelto a cobrar vida. Le propuse a Daniela volver al puerto que ella no lo conocía y a continuación fuimos a la playa Tagharte con las Islas Púrpuras justo en frente. El archipiélago está formado por la Isla de Mogador y unos pequeños islotes que la rodean.

Essaouira es un destino habitual para surfistas y windurfistas, dados los generosos vientos que refrescan su largo litoral con constante oleaje.

La Playa Tagharte de Essaouira
La Isla de Mogador enfrente de la Playa Tagharte


De la playa volvimos hasta el riad que nos quedaba muy cerca, para recoger nuestras mochilas antes de la hora del check-out. Seguidamente caminamos por las estrechas calles de la medina, por el mercado de especias y luego nos fuimos a almorzar en un restaurante local nuestro primer plato de tagine, cuscús y berenjenas fritas.

Comiendo en un restaurante local sin turistas


Caminamos también por las murallas de la ciudad donde soplaba el viento sin piedad y podíamos contemplar su sistema defensivo formado por una hilera de cañones y el espectacular paisaje que lo rodea, con la Pequeña Isla de Essaouira en un primer plano y las Islas Púrpuras en segundo plano.


¡Hermosa Essaouira!


A todas estas habíamos encargado a Said, el dueño de un pequeño negocio, que nos confeccionara el grabado de nuestros nombres en árabe sobre dos cajas mágicas de madera de thuja o tuya. Pasamos un buen rato conversando con él. Entre otras cosas me explicó sobre el djellaba que comenté al principio. Cuando las cajas estuvieron listas nos pasamos por su tienda para retirarlas y para despedirnos.
 
Me despido de Said y de su tienda antes de dejar Essaouira


Como deseaba quedarme más tiempo en Essaouira aunque ya lo había visto todo excepto las vecinas islas, pero siempre sucede lo mismo, que los sitios que son de más agrado son los que hay que visitar más pronto por las exigencias mismas del viaje. Así no íbamos con un buen sabor de boca, por no habernos saltado esta ciudad tan linda, y nos subíamos a un autobús rumbo a Marrakech a donde llegaríamos por la noche.

De Marrkech y de una plaza que me fascinó, la de Jemaa el Fna, hablaré en mi siguiente artículo.




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