Mis viajes: Portugal


¡Oh, qué grata sorpresa fue Portugal y qué bella Madeira! Muy buenos recuerdos tengo de este vecino país y de mi visita de 23 días que realicé en verano del año 2014, recorriéndolo por tierra casi de un extremo a otro, desde Oporto hasta Faro y sin perderme Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa.


Concebí este viaje tras pensar en un destino cercano, averiguando que los precios en Portugal eran bastante asequibles. De esta manera armé una ruta con Daniela, incluyendo Madeira por supuesto, un sueño que tenía desde hacía tiempo...

El viaje comenzó como siempre en Barcelona, volando hasta Oporto donde nos quedamos 2 días y 2 noches, suficientes para recorrerlo entero junto con Vila Nova de Gaia, al otro lado del Duero, donde se hayan las bodegas de vino.

Desde Oporto nos fuimos en tren hasta Aveiro, un ciudad pequeña pero encantadora, a la que llaman la Venecia de Portugal por sus canales que atraviesan el centro. Desde allí aprovechamos la cercanía para visitar Costa Nova, un adorable destino de playa con sus características casas de vivos colores pintadas a franjas verticales.

Al cuarto día continuamos en tren hasta Coimbra, donde aprovechamos para visitar la Universidad de Coimbra, recién declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2013. Un día y una noche de estancia nos bastó para proseguir hasta Óbidos, otro sitio UNESCO donde no solo recorrimos la fortificación sino que coincidimos con un mercado medieval en el que incluso nos pudimos disfrazar.

Sintra sería nuestro siguiente destino y uno de mis favoritos en Portugal por su castillo, jardines y palacios. Este lugar definitivamente mereció los 3 días que le dedicamos, junto con los vecinos Cabo da Roca (el punto más occidental de Europa) y Boca do Inferno en Cascais, donde no tuvimos mucho tiempo para conocer. De allí saltamos a Lisboa, la hermosa capital lusa con sus tranvías amarillos y el Barrio Alto.

A partir de aquí tocaba disfrutar de las costas de Lagos con su sinfín de playas, acantilados y formaciones rocosas que nos robaron el aliento. Después de 3 días seguimos hasta Faro para volver a nuestro destino final y probablemente el más espectacular de todos: Madeira con la isla de Porto Santo. Aquí pasamos 9 días recorriendo paisajes vertiginosos de una belleza impactante.

Cuando el viaje llegó a su fin volamos a Lisboa, aprovechando la escala para pasar por Estoril a pocos kilómetros, donde se encuentra el casino más grande de Europa, y conocer un poco la costa que le rodea antes de seguir de vuelta a Barcelona.


En este viaje conocí 5 de sus Patrimonios de la Humanidad, y fue a partir de este año cuando comenzaría a viajar cada vez con más frecuencia. Portugal fue un país que me gustó entero, del que me enamoraron sus construcciones hermosamente decoradas con azulejos y del que todavía recuerdo las migas como uno de mis platos favoritos; sin olvidarme de mencionar el pastel de Belém, el bolo do caco, la docena de variedades de maracuyá que prové en la isla Madeira, el vino de Oporto y otras tantas delicias. 

¡Portugal, volveré!




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