abril 24, 2017

Un enclave de España en Francia


Muy cerca de la frontera, se encuentra un pequeño pueblo español, enclavado en territorio francés. Salvado de ser cedido a Francia por su condición de villa. En esta oportunidad viajo para conocer la villa de Llívia en un valle de los Pirineos, rodeado por el Pico Carlit.


Me levanté muy temprano para encontrarme con mi amigo Miguel en la estación de Plaza Cataluña en Barcelona, para viajar juntos en tren hasta Puigcerdá, a un par de kilómetros de la frontera con Francia. Cuando llegamos a Puigcerdá nos informamos sobre las opciones de llegar hasta Llívia en bus, pero dada la escasa frecuencia, debíamos de esperar unas tres horas hasta que pasase el siguiente.


Mapa de situación de Llívia respecto a España y Francia



De este modo decidimos caminar hasta Llívia, intentando infructuosamente hacer autostop en el recorrido, pero ningún conductor sintió empatía por mi pulgar levantado, por lo que acabamos caminando 6,5 kilómetros por la carretera que separa ambas poblaciones.

Llívia se salvó de ser cedida a Francia en el tratado de los Pirineos de 1659, en el que España otorgó 33 pueblos a Francia, los cuales forman hoy en día el departamento francés de los Pirineos Orientales. Llívia permaneció siendo española gracias a su condición de villa, otorgada por el Emperador Carlos V. 


La carretera N-154 de Puigcerdá a Llivia, sin arcén


Para mi sorpresa, no pasamos por ningún puesto fronterizo ni nos encontramos con ningún cartel que anunciase que estábamos en Francia o que abandonábamos España. Solamente llegando a Llívia, un cartel nos daba la bienvenida al enclave, a 1.223 m.s.n.m. Como no hay arcén, íbamos caminando por donde podíamos a un lado de la carretera, disfrutando de los picos nevados y del paisaje que nos rodeaba.


Entrada a la villa de Llívia


Cuando llegamos a Llívia estaba muy emocionado, porque hacía tiempo que quería ir. La villa estaba prácticamente desierta porque justamente ese día, 24 de abril, era festivo por la Fiesta Mayor. Con excepción de un par de bares, todo estaba cerrado, incluso el Museo Municipal de Llívia.

Observé que muchos de los negocios eran de alquiler de equipos de deportes de nieve. Según me enteraría ese mismo día, durante la temporada alta, las filas de caravanas son interminables por su cercanía con las pistas de esquí, convirtiendo a Llívia en un lugar muy concurrido.

Al ser la construcción que más destacaba, lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, también cerrada, junto a la Torre de Bernat de So y frente la sede del museo y el ayuntamiento. Según supe más tarde ese día, el museo alberga una colección de artículos de boticario y recetarios, entre otros; que venden al turismo como una de las farmacias más antiguas de Europa. La Farmacia Esteve de Llívia estuvo activa por siete generaciones en Llívia, hasta que su propietario cerró para trasladarse a Puigcerdá.


Torre Bernat de So, antigua prisión. Hoy sede de exposiciones temporales
El ayuntamiento de Llívia, que alberga la sede del museo



Por detrás de la iglesia, un camino conduce a la cima de una colina, a 1.358 m.s.n.m.,  donde se encuetran las ruinas del Castillo de Llívia. El recorrido no toma más de 15 minutos en completarse. Desde aquí se obtiene una buena panorámica de toda la villa, se puede distinguir Puigcerdá a lo lejos y varios picos circundantes, detallados todos en páneles bien señalizados en el castillo.


Subiendo al castillo, con la villa y la iglesia al fondo
El Castillo de Llívia


Seguidamente bajamos hasta la iglesia y caminamos un poco por las solitarias calles del pueblo. Las casas y edificios, que por la forma de sus tejados se asemejan mucho con las de Andorra, destacan por el predominio de la piedra y la madera entre sus elementos constructivos, haciéndolas muy agradables a la vista. Asumí, que la mayoría de las casas son segundas residencias pues casi todas tenían las persianas bajadas y no daban señales de estar habitadas. En Llívia hay tan solo unos 1.500 habitantes.

Pasamos por el Parque de Sant Guillem, al otro lado de la calle principal, frente al cual el río Segre cruza el término municipal.


Con mi amigo Miguel Marchi
Casas empedradas
Un edificio en Llívia
La iglesia fotografiada desde el parque


Unos minutos antes de las 14:55 h., nos acercamos hasta la parada de autobuses para evitarnos tener que hacer el trayecto hasta Puigcerdá a pie. Nos subimos a un bus de ALSA que por 1,70€ nos dejó en un momento en este pueblo fronterizo, desde donde más tarde y tras caminar un poco, volveríamos a Barcelona en tren.



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