BRAN, el castillo de Drácula en Transilvania | RUMANIA

Construido en 1212 como fortaleza por los caballeros teutones, este castillo de origen húngaro (pues Transilvania formó parte de Hungría desde el siglo X hasta 1918), está mitificado como el castillo del conde Drácula, pero ¿verdaderamente existió dicho personaje y fue este su castillo? Yo visité Bran y en este post te llevo a recorrer el castillo y te cuento la historia sobre la leyenda.



Ya había intentado visitar Bran un 01 de enero, pero la Autogara 3 de Brasov se encontraba cerrada por la llegada del año nuevo. En otras palabras, no había servicio de autobuses hasta el castillo ni ningún otro destino ese día. Allí es adonde tienes que dirigirte para llegar hasta Bran. Es muy fácil.


Así, al día siguiente tomaba un autobús cerca de mi alojamiento, para llegar de nuevo hasta la estación de autobuses, desde donde partiría a Bran.


Entramos a una sala de espera para resguardarnos del frío, entablando conversación con una pareja de amigos. Un asiático y Bobby, de San Francisco. Ambos trabajaban juntos en los Estados Unidos y se encontraban en Rumania por trabajo, aprovechando el día libre. Aunque en ese momento no lo sabíamos, conocerlos fue determinante. Más adelante te cuento por qué...





A la hora en punto llegaba el autobús con destino a Bran, dejándonos justo en frente del castillo 40 minutos más tarde por la módica suma de 7 lei por persona (1,55€).


Hacía muchísimo frío y el paisaje del camino debería de ser de lo más interesante, si no hubiese sido por lo empañados que estaban todos los cristales, que no permitían ver nada del exterior. Me acerqué al conductor y le dije en rumano que hacía frío, pero este encogiendo los hombros me indicó que no podía hacer nada porque no había calefacción. En el autobús solo viajaban locales con sombreros shapka-ushanka al estilo ruso, comunes en los países de Europa del Este, además de Bobby, su amigo y nosotros dos.



Entrada al castillo

Como llegamos antes de la hora de apertura del castillo, aprovechamos para comprarnos en una panadería varios dulces, que serían nuestra única comida del día, repartida en varios bocados hasta la noche que llegaríamos a Moldavia. Si bien Brasov fue la ciudad más turística que visitamos en Rumania, Bran a tan solo 28 kilómetros lo era mucho más o al menos esa fue la sensación que tuve.


Caminamos un poco por un mercadillo de souvenirs que está justo antes de la entrada del castillo y cuando el reloj marcó las diez en punto de la mañana, compramos nuestro billete de entrada a precio de estudiante por 20 lei (4,5€ cada uno). Como siempre el carnet de estudiante reportándonos beneficios... El billete lo piden justo al lado de la taquilla para poder pasar y más adelante, para entrar al castillo hay que presentarlo en el lector de una máquina.

Una cuesta resbaladiza cubierta de hielo nos lleva hacia el castillo (estuvimos en invierno), construido sobre una roca que se asienta en lo alto de una colina.



Todas las estancias se pueden recorrer en poco tiempo, al ser un castillo pequeño.

Eso sí, los pasadizos y las escaleras son estrechas, por lo que en momentos de mucha afluencia de turistas la circulación se debe hacer pesada. Para nosotros no lo fue porque fuimos de los primeros en llegar. En varias de las habitaciones se exponen paneles explicativos en rumano y en inglés que cuentan la historia de la leyenda, la biografía del escritor de la novela de Drácula, así como otros hechos históricos.

La verdadera historia sobre Drácula


De acuerdo a lo que he podido leer sobre la novela, la historia se resume más o menos de la siguiente manera:

El personaje de Drácula fue creado en 1897 por el escritor irlandés Bram Stoker, en la novela del mismo nombre. El autor escogió la región de Transilvania para ambientar su libro y se inspiró en el príncipe de Valaquia, Vlad Draculea, conocido como Vlad el Empalador, por su manera de castigar a sus enemigos, traidores y delincuentes: empalándolos. En otras palabras, introduciéndoles un palo por el ano. Esto no solo era un método de tortura, sino que ocasionaba una muerte lenta y sumamente dolorosa.

Stoker no visitó Rumania en toda su vida, pero se documentó con libros que describían la región de Transilvania y e incluso el interior del castillo, que coincide con la descripción dada por Stoker.


No existe sin embargo ninguna evidencia de que El Empalador haya habitado el castillo. De hecho, según lo descubierto por el autor holandés Hans Corneel de Roos, la localización que Bram Stoker realmente tenía en mente para el castillo Drácula era el castillo de Poenari que está en ruinas.



Según pude leer, el dictador Nicolae Ceausescu glorificó a Vlad hasta el punto de declararlo héroe nacional e interesado en sacarle beneficio a la histroria de Drácula, popularizó el castillo de Bran que se encuentra en pie, aunque ha sufrido varias rehabilitaciones. De hecho, la información que se da en el castillo lo enaltece, dando a entender que es lamentable el apodo de "empalador" que se le confiere. Apartando lo que pueda ser o no ser cierto, la verdad es que el castillo es muy bonito y de por sí solo merece una visita, creamos o no en que haya sido habitado por Vlad.

Pasearse por las estancias abiertas al público se puede hacer en muy poco tiempo. Los techos son bajos y las estancias pequeñas. Recuerdo la mayoría de los castillos en los que he estado como visitas inagotables, en los cuales, estancia tras estancia uno acaba exhausto, pero el Castillo de Bran fue una agradable sorpresa.


Al culminar la visita, antes de abandonar el interior del castillo, se sitúa una tienda de recuerdos y una máquina de troquel para acuñar monedas de metal ovaladas para conmemorar la visita al castillo.

A todas estas seguíamos encontrándonos con Boddy y su amigo al momento de comprar las entradas, en casi todas las estancias del castillo y en la parada de autobuses a la salida.

Estuvimos esperando varios minutos por el autobús de regreso a Bran que iba retrasado. Bobby cruzó la avenida para preguntar a un taxista que estaba estacionado del otro lado de la calle. Vi que le mostró cuatro dedos de una mano, lo que me llevó a asumir que pensaba en compartir los gastos entre todos. Seguidamente, y tras un gesto de aprobación del taxista, nos llamó y nos dijo let's go. Le pregunté que por cuanto salía el viaje y me respondió que no me preocupara que él se hacía cargo.



Cuando entablo conversación con desconocidos durante mis viajes, no lo hago esperando nada a cambio. Sin embargo he aprendido que de hablar con la gente solo salen cosas buenas. Bobby y su amigo se bajaron cerca del teleférico de Brasov por recomendación nuestra y cubrió nuestro traslado hasta la gara, desde donde cogeríamos un autobús con destino a Iasi, cerca de la frontera de Rumania con Moldavia.



Espero que este post te haya resultado útil para organizar tu visita al Castillo de Bran desde Brasov. No olvides suscribirte para que estés al día de todos mis viajes y recuerda que en mi canal de YouTube tengo cientos de videos alrededor del mundo. ¡Buenos viajes y a vivir la vida!

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